Archive for May, 2007

¿Qué son las despedidas?

Posted by sudranoel on 28th May 2007

Despedirse es algo normal. Es tan normal como encotrar personas, siendo una parte inmanente de ello. Lo hacemos todos los días. A veces nos despedimos sabiendo que el nuevo encuentro será pronto, y aveces lo hacemos con incertidumbre de que ocurra, lo que conlleva un dolor intrínseco. Si no existe un vínculo con la persona, despedirse no tiene importancia alguna, pero ¿qué sucede cuándo ese vínculo existe?

La semana pasada fué de despedidas concientes e inconcientes. Primero Hendrick nos dejó. Así pues, la orden secreta de la C.S. en el trabajo ha perdido un miembro. Un taiwanés, un marroquí y un mexicano tendrán que continuar solos en su misión de resguardar grandes arcanos. Después que Démeter nos dejó para irse a La Haya, y Andreas hiciera lo propio rumbo a München, Hendrik había venido a ocupar su sitio. Trajo mucho dinamismo por ser el miembro más jovén. De ojos vivaces y muy risueño para ser alemán, siempre viste con un toque de clase. Su rito iniciático cimbró los fundamentos de la C.S. No conoció a sus predecesores, quiénes le resultaban seres legendarios al escuchar las historas épicas sobre ellos. Ahora él mismo se enfundará en un mito para quién merezca ocupar su sitio. No abandona la compañía, si no se traslada a dónde está la mera mata, al corazón del Sillicon Valley. Fuera de la C.S. Hendrick y yo nos encontrábamos sobre la duela para jugar squash y protagonizábamos batallas encarnizadas. Juventud vs experiencia. Dadas mis prerrogativas de haber sido fundador de la C.S., he recibido su membresía a su otrora gimnasio como tributo y ritual de despedida, que por cierto tiene una vista espectacular de la ciudad antigua, mientras uno se relaja después del sauna. Frente a ese gimnasio fue que nos depedimos.

El jueves Adamou llegó a despedirse de mí. Termina sus prácticas oficialmente el 31 de mayo y ya tiene un contrato a partir del primero de junio en Augsburg, la tierra natal de Bertolt Brecht. Tuve el privilegio de ser su tutor. Generamos una sinergia que rindió frutos. Indudablemente los dos aprendimos mucho el uno del otro. Hace una semana los del trabajo jugamos futbol contra MDM (no confundir por favor con AMD). Perdimos en el último minuto. Después del juego me encontraba furioso, mas que por el resultado, por la forma en que jugamos, y particularmente en que yo jugué. Mientras todos tomaban cerveza en el centro del campo, me aislé sentándome sobre el césped lejos de la muchedumbre luciendo en la faz mi característica mirada de asesino a manera de muralla. El único que no respetó esa muralla fué Adamou. Con una gran naturalidad se me acercó y se sentó a mi lado. Hablamos un poco sobre el juego. Manchas negras de tierra y verdes de pasto decoraban su hacía poco blanco e inmaculado uniforme como insignias de combate. ¿Quién si no él merecía haber sido condecorado ese día? Él fué un baluarte en la defensa y sin duda quién mas territorio había cubierto. De no haber sido por él no hubiera sido necesario esperar al último minuto para decidir el juego. Sentado como un niño y con una brizna de pasto entre sus manos, me contaba que en Camerún, su tierra natal, existen más de 200 lenguas y dialectos, por lo que al encontrarse con otro camerunés, tienen que hablar en francés, ya que la probabilidad que sus lenguas sean las mismas es casi nula. Con una amplia sonrisa, y sin separar su mirada de la brizna en sus manos, luego me contó que el primer lugar remoto sobre la tierra que escuchó nombrar fué México, durante el campeonato mundial en el 86 ¿dónde estará México? se preguntaba él. En ese momento se encontraron nuestras miradas y sonreímos, de la misma forma en que ocurrió el jueves al estrechar las manos afectuosamente para despedirnos en mi oficina.

La tercera y última despedida de la semana se dió en un sueño. Me encontraba en un festejo al aire libre. Había música y la gente bailaba. A lo lejos distinguí entre la multitud a Niklas que bailaba alegremente con Wiebke. En el mundo real perdí misteriosamente el contacto con ambos hace un año. Niklas había regresado de México y me había traído una botella de tequila. Compartimos unos tragos entre historias diversas y nos despedimos como siempre, con la esperanza de reencontrarnos pronto, sin embargo parece ser qu fué para siempre. Ha sido la última vez que los vi en persona. A la postre me enteré que se habían mudado a Berlín sin decir palabra. Desconozco su motivación, y ciertamente me causó un gran dolor. De vuelta al sueño. Por alguna razón tenía que pasar entre la multitud cerca de ellos, pero no quería encontrar su miradas. De Wiebke sólo intuí su presencia, pero a mi paso frente a ellos alcancé a ver un rostro radiante de Niklas con el rabillo del ojo. Cuando pensaba haberlos dejado atrás, sentí una mano sobre mi hombro. Al volverme Niklas me abrazó con una franca sonrisa. Era sin duda la despedida que faltaba. Ahora me siento mucho mas tranquilo.

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Una noche borrascosa en Berín.

Posted by sudranoel on 23rd May 2007

¿Estamos muy lejos? pregunto. El viento me responde al arrancarle el mapa de las manos estrellándomelo en la cara. Buscamos refugio bajo un puente cerca de Alexander-Platz. Ella examina el mapa mientras trata de alisarlo, pero no encuentra la calle. Harta de detener el mapa con fuerza, anuncia: “voy a preguntar en éste café” y desaprece en un santiamén dejándome a la intemperie con el mapa arrugado en la mano. Con el inconfundible palacio municipal rojo y la descomunal estatura de la torre de televisión a nuestras espaldas logro ubicar nuestra posición e identifico la dierección en que debiéramos hacernos a la marcha. Ella sale del café y desde la puerte corrobora con su pulgar el rumbo.

Nos enfilamos hacia nuestro destino. A unos metros de haber abandonado el puente, empieza a llover. Abrimos los paraguas. Ahora es mas difícil ver el mapa, por que cada uno lleva en una mano el paraguas y en la otra su maleta. Por si fuera poco, caminar con el paraguas abierto en contra del viento es extremadamente difícil. Me parecía que por cada paso que avanzaba retrocedía dos. Vacilo por un instante. Me doy la vuelta señalando mi intención de regresar bajo el puente. Ella asiente con la cabeza. En ese momento el viento cambia de dirección. Así pues, en el intento de retornar al refugio fué que llegamos a la puerta del hotel que buscábamos. Pareciera que alguna fuerza sobrenatural nos usaba para entretenerse. Al cerrar el paraguas justo antes de dar el paso para cruzar la puerta, la última ráfaga lo volteó con furia, y me llevó de regreso a la tormenta. Luché para ponerme en contra del viento y así lograr que el paraguas retomara su forma. Por fin logramos cruzar el umbral de la puerta sanos y salvos. Escurro el paraguas y me percató que él no había conseguido llegar incólume.

Nos presentamos frente a la recepcionista empapados y con los cabellos revueltos. Como si nuestra apariencia no le inmutase en lo mas mínimo nos dice:”Buenas noches. Bienvenidos al hotel Norecuerdoelnombre. ¿Qué puedo hacer por ustedes?” Mi compañera le responde con gran tranquilidad: “Tenemos una habitación reservada a nombre de K. y A.” Un gesto de incredulidad invade su rostro. Revisa en el sistema y dice: “¡Ah! la suite en el último piso” y nos entrega la llave sonriendo. Ahora los incrédulos éramos nosotros. De pronto os vientos nos eran propicios ¿cómo habíamos logrado tener una suite prácticamente en un penthouse? ¿era acaso la recepcionista la mismísima fortuna imperatrix mundi que ahora nos sonreía?

Abrimos la puerta de la suite como si se tratara de la cámara de un tesoro. Quedamos deslumbrados al encender la luz y descubrir que había aún varias puertas por abrir. Al tiempo que abrimos una a una cada puerta iba creciendo nuestra sorpresa. Un recibidor, una sala de estar, una cocina, un cuarto de baño con jacuzzi, y una amplísima recámara. Elevamos pues los brazos al cielo para rendir tributo a la generosidad de la vida y nos abrazamos eufóricos. ¡Qué fin de semana nos espera!

La cama está impecablemente tendida. Sobre el escritorio había bebidas y bolsas con botanas. “Deben ser parte del servi-bar, y las dejan ahí como olvidadas para que casi sin querer las consumas” expliqué. Después de escrutinar visualmente el amplio territoro con lentitud, nuestros ojos descubrieron dos maletas. En un lugar así, y dada nuestra buena fortuna, sólo podían ser cofres de tesoro. Seguramente estaría repletos de doblones españoles. Pero no lo estaban. Tenían ropa. Mi mente trató de buscar una explicación: siendo la habitación tan amplía, seguro que el último huésped las olvidó. Mas me tardé en elaborar que en deshecahr mi conjetura, por que esa y la ropa que encontramos en el armario era sin duda el equipaje de alguién que andaba de vacaiones en Europa por lo menos dos semanas.

Llamamos a la recepción. Igual que nosotros no lo podían creer. Simplemente no era posible, no había nadie registrado en el sistema. Nos preguntaron si las maletas tenían algún nombre o dirección. Efectivamente había una tarjeta con los datos: Ricardo Iglesias, México.

¿Estaba Ricardo en nuestro cuarto? ¿o nosotros en el suyo? No lo puedo decir. Tampoco el personal del hotel podía. Terminaron por cambiarnos de habitación; primero a una mas pequeña pero con un insoportoble hedor a gato, y tras nuestra reclamación terminamos en una similar a la primera pero no en el penthouse, si no 5 pisos abajo de dónde pernoctaba Ricardo.
Así fué como casi conozco a un compatriota a miles de kilómetros de México.

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Desde 1429

Posted by sudranoel on 6th May 2007

Hace varios ayeres era siempre todo un gran acontecimiento ir a visitar a mi tía María Luisa en su trabajo. No recuerdo exactamente de qué área ella era responsable, pero siendo ingeniera química seguramente controlaba alguna parte del proceso de producción de las “chaparritas el naranjo”. Tratábase pues de un refresco sin gas muy popular entre los niños de aquél entonces que era embotellado en un pequeño envase. De ahí el nombre de chaparritas. Lllegábamos a buscarla entre los matraces, probetas y otros tarantines de laboratorio, y luego nos conducía por toda la fábrica explicándonos el proceso. El recorrido terminaba invariablemente en una bacanal de azúcar pintada. Probábamos todas la variantes y frecuentemente llevábamos una o dos cajas a casa.

Esos fueron los únicos excesos que tuve durante los primeros 10 años de mi vida. Luego vinieron 18 años vida monástica consagrados al estudio y al deporte. Ni a través de burlas ni de recomendaciones ninguno de mis amigos pudo convencerme de probar el alcohol. No obstante, me reblandecí cuando por primera vez vine a Europa, concretamente a Austria. Traía en mis alforjas una botella de vino mezcal, mejor conocido como tequila, como obsequio para mis anfitriones. Por un momento me sentí muy incómodo por llevar un producto que no era capaz de probar yo mismo. Queriendo a la vez obsequiarles el gusto de beber tequila original con un mexicano original, no decliné su invitación para acompañarlos, y le dí fondo al caballito frente a mí. Al año siguiente conocí a una alemana quién me sedujo para degustar por primera vez el espumoso néctar de la cerveza. No detallaré ahora la forma en que lo hizo.

Los tiempos cambian. El tequila, y la cerveza han confluído en mi experiencia hasta llegar al mes pasado, periodo en el que he presenciado in situ sus procesos de fabricación, como alguna vez lo hice con las chaparritas.

Sin duda alguna la cerveza es parte de Alemania. Suele ser un lubricante para la rígida y oxidada forma de socializar. Tal vez por ello es un gran objeto de culto y tradición. Precisamente a manera de evento de socialización con los colegas del trabajo, visité recientemente una cervecería en Wittingen. Aunque ya no pertenezo al equipo que pretendía estrechar los nexos de sus colaboradores, recibí la invitación. A si mismo mi actual jefe estuvo de acuerdo en que asistiera asi que un día libre en una cervecería ¿a quién le dan pan que llore?

Desde el momento en que bajamos del tren es de notarse el manto aromático de cerveza que cubre Wittingen. Me transportó al paso por el puente de Marina Naciona frente a la fábrica de grupo Modelo, productores de la cerveza Corona en la ciudad de México, dónde el aire contaminado es sometido por el mismo olor a cerveza.
Tanques

Tubos

Nos guiaron por toda la fábrica con explicaciones detalladas del proceso. La cervecería en cuestión se jacta de ser la cervecería privada más antigua de Alemania, habiendo sido fundada en 1429, y que la receta empleada data de aquella fecha. A través de la jungla de tanques cónico-cilíndricos, tubos, y bandas mecánicas llegamos hasta el sitio dónde se embotella la cerveza. Al igual que en la fábrica de “las chaparritas” es la sala con mas dinamismo. Botellas suben, bajan chocan, bailan, y se apretujan para terminar transportando el preciado líquido.

Ballet de botellas

Me gustaría detallar un poco el proceso, sin embargo no entendí una sóla palabra. Entre el dialecto del guía y la repicante maquinaria, fuera de palabras aisladas, el discurso era ininteligible. Ya en una sala con menos decibeles de fondo, nos resumió el proceso con generosidad y benevolencia: “Hemos visto la forma en que se produce la cerveza manualmente. Hoy en día sólo hay que alimentar las máquinas con agua, lúpulo y cebada y esperar una semana a que salga cerveza del otro lado”. Eso es todo lo que aprendí de la visita. No se recomienda preparar cerveza en casa usando ésta receta.

La original 1429Llegó la hora del festín. La verdadera razón de nuestra visita a la cervecería. El vivaracho y extrovertido vietnamés Thang (conocido también como string thang en las bajas esferas), se sentó a mi derecha. Soberano y dueño de su juicio me dió indicaciones de detenerlo si es que intentara ligarse a las meseras (todas sobre los 45 años). Lo ataría pues a la silla como Ulises al mástil al paso de la isla de las sirenas. Probamos la primera rubia, le siguió la morena y luego una pelirroja. Thang, con su visión aguda, identificó en la mesa vecina una cerveza embotellada (todas las que habíamos probado hasta el momento eran de barril). La etiqueta era roja y azul y se alcanzaba a distinguir un número. Lo comisioné para que le preguntara a la mesera, aunque deteniéndole las manos. La mesera nos dijo: ” se trata de la 1429 (el año de la fundación). Es una cerveza clara pilsner con 5,6% de alcohol, pero un sabor muy suave”. Sin pensarlo dos veces pedimos que aquella rubia con carácter nos acompañara la siguiente ronda. Apenas la mesera se había dado la vuelta cuando Thang grita a los cuatro vientos intentando parafrasear la explicación recibida sobre la 1429: “Hey Jungs, knall aber voll rein!” (algo así como: “¡Chavos, es explosiva pero se pasa bien!”). La cantinera lo escucha, se vuelve hacia nosotros e indignada tal vez por la omisión de palabras concretas que había empleado, como el contenido de alcohol o la referencia a la suavidad del sabor, o que tal vez pensaba que la expresión se refería a ella misma, le replica con gesto duro “¡Yo no dije eso!” . Ese ademán nos arranca una carcajada.

El lubricante social surte efecto. Al principio todo es compostura. Mientras se van consumiendo la cervezas se comparten mas intimidades. Hay colegas con quienes sólo se puede hablar usando el conjunto de instrucciones del P56c, sus extensiones de 64 bits, o en el mejor de los casos en puro y llano hexadecimal. El alcohol parece humanizarlos. Por ejemplo uno de ellos, una verdadera máquina de sintetizar net lists, con cabello largo y crespado como de micrófono, lentes redondos y la carne de las encías que se le prolongan entre los incisivos, habló por primera vez conmigo sobre algo que no tuviera que ver con el trabajo. Me preguntó por la forma de ser de la vida en México y las razones que me habían traído a Alemania. Me confesó también que nunca ha estado lejos del terruño dónde nació. Me pareció distinguir en su rostro un anhelo por salir a recorrer el mundo.

Emprendimos el regreso con una caminata hacia la estación de trenes. Bert y Michael, mi ex-jefe y quién me había invitado a la expedición, parecían escolapios de secundaria acarreando sendos six-packs en cada mano ¡Vaya ingenieros especializados! Algunos como yo, seguramente también versados en visitar refresquerías durante su infancia, con toda alevosía, y ventaja pensaron con antelación en llevar bolsos a su espaldas, los cuales retacamos con el botín. Así pues en el tren no carecimos de fluídas…conversaciones. Thang por ejemplo hablaba indistintamente con veinteañeras y sexagenarias.

Las imágenes que aquí presento, por alguna misteriosa razón están mas enfocadas que como las tengo registradas en mis recuerdos. Doy mi palabra que no han recibido tratamiento digital.

Ahora con mi nuevo equipo de trabajo tengo un evento similar dentro de dos semanas. Visitaremos el museo de la computación en Paderborn, para rematar en un Biergarten. Ya reseñaré.

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