Archive for June, 2007

Velando armas

Posted by sudranoel on 28th June 2007

Mañana a éstas horas estaré de camino a la Franconia en Baviera, para ser precisos a Bamberg para defender los colores de la empresa en el torneo llamado Quattro-ball, que consisite en que un mismo equipo mixto juegue cuatro deportes diferentes, a saber: Handball, Basketball, Football y Volleyball. Será el remate deportivo del verano después del Baba mixed y de la carrera nocturna de Braunschweig.

Creo que en todos los deportes me defiendo, a excepción del Handball. La última vez que lo jugué iba en la primaria. Por suerte tendremos 3 chicas quasi profesionales en éste rubro, que darán seguridad a los no iniciados. Personalmente pienso que podré aportar algo al Basketball. Ojalá también me pueda sintonizar mentalmente durante el soccer con el tri, para que me contagien la alegría futbolera que traen para la copa América.
En total participarán 100 equipos. Nuestra meta es quedar dentro de los primeros 50.

La idea es acampar en el campo deportivo dónde tendrá lugar el evento. Aunque acampar es otra cosa que no he hecho en los últimos 25 años.

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Una gota antes del desbordamiento

Posted by sudranoel on 20th June 2007

Debo decir de entrada que no soy supersticioso. Lo quiero dejar en claro antes de explicar la siguiente teoría que para muchos será, sin lugar a dudas, una superstición: Todos los días, cuando me enfilo rumbo al trabajo, extrapolo cada uno de los pequeños acontecimientos para intentar imaginar como será mi día. Encontrar obstáculos en el camino simboliza que los toparé durante la jornada laboral. Por ejemplo, si no tengo que esperar a que cambien los semáforos, ni a que dejen de circular los autos, quiere decir que será un día sin obstáculos. Ver una liebre o una ardilla en el parque tiene una connotación positiva, algo así como que tendré una agradable sorpresa. Por otro lado, lo peor que me pueda pasar es que tenga que bajar los pies de los pedales de la bicicleta y quedar en alto total. Por eso siempre trato de mantenerme en movimiento, aunque sea en una dirección diferente de la que llevo.

Ayer, cuando iba en marcha al trabajo, un tranvía me bloqueó el paso y me ví obligado a frenar por completo. Asi pues, para evitar el tan temido toque de tierra, permanecí haciendo equilibrio circense en la bicicleta por un par de segundos. Justo en el momento en que pareciera desplomarme, el tranvía franqueó el paso, y tomé impulso con la inercia de la hasta entonces inminente caída. Mas adelante tuve que esperar unos instantes para poder rebasar a un señor en bicicleta, por que venían otros ciclistas en sentido opuesto. Por si fuera poco, en la última calle que tenía por cruzar, tuve que de plano bajar los pies y esperar a que pasara una larga caravana de vehículos ¡qué rabia! Mientras pensaba en mi teoría y trataba de imaginar lo que me deparaba la jornada después de encontrar tantos obstáculos, traté de convencerme que esa teoría era tan solo una superstición. “Tendrás un magnífico día” repetí en voz alta. El colofón de mi travesía fue el tener que buscar un lugar para aparcar la bicicleta por varios minutos. Cerrando el candado me ensucié las manos de grasa. ¡Qué clase de augurio!

En contraste el inicio de la semana había sido prometedor. El sistema que diseñamos (software y hardware) funcionó por primera vez en una configuración especial, convirtiéndose en algo único en su tipo. No existe pues ningún otro sistema sobre la tierra con esas características. Además ese acontecimiento coincidió con la visita de Steve Pawlowski, personaje emblemático de la firma y promotor del HPC (High Performance Computing). Se degustaba ya entonces una feliz oportunidad para hacer gala de los grandes avances alcanzados, pero …..

Entré al edificio con tranquilidad, todavía limpiándome la grasa de la bicicleta de las manos con una servilleta, mientras trataba de convencerme que lo que me sucedió en el camino no tenía relación alguna con lo que pasaría, y que el día sería magnífico. Había razones fundadas para que fuese así. Mi última contribución al sistema, el módulo Y, había sido alabado por todos los miembros del equipo al presentarlo un día antes. Sería entonces todo un placer poderlo mostrar personalmente a Steve.

En el pasillo me encontré a Elmar. Un día antes me había pedido que lo acompañara para hacer la presentación juntos, sobre todo por si hubiese preguntas sobre el módulo Y, y sería la primicia fuera de nuestro equipo del sistema. Sin decirme buenos días siquiera, sus primeras palabras, marinadas en un tono de angustia, fueron: “El módulo Y no funciona, ¿cambiaste algo?” en ese momento tuve la misma sensación que cuando el tranvía me bloqueó el paso.

Tragué saliva y desacredité sus palabras. Simplemente no era posible. Elmar no sólo había estado presente en el technical meeting, si no que el mismo había hecho varias piruetas de malabarista con el módulo Y para asegurar que funcionaba. Quzá sólo era algo que tuviese que ver con su entorno de trabajo, así que ya en mi escritorio probé el módulo en cuestión. Todo funcionaba exactamente como el día anterior. Por suerte no había perdido el equilibrio, y sin ningún tranvía cortándome el paso fuí con Elmar a que me mostrara la supuesta falla.

Elmar tenía razón. Su sistema había ejecutado mas de 4,000,000,000 ciclos de reloj y el módulo Y había dejado de funcionar misteriosamente. No uso corbata, pero de hacerlo me hubiera aflojado el nudo, y me dispuse a emprender una expedición de caza. El objetivo era erradicar el bug responsable del problema. Hoy en día, los errores en hardware o software son llamados de esa manera, por que en tiempos de las legendarias computadoras de bulbos como el ENIAC e incluso el UNIVAC, el calor que éstos desprendian atraía a los bugs (insectos), quienes al morir electrocutados causaban corto-circuitos y por ende fallas de funcionamiento en el sistema. Así pues, para corregir el comportamiento del sistema, había que encontrar y retirar los insectos. En la actualidad, ésta noble actividad es conocida como debugging.

Los últimos días los había consagrado a despiojar el mentado módulo Y, por ello me irritaba saber que algún insecto me hubiese pasado desapercibido y se columpiara en algún alambre, y tomando un cocktail se burlaba de mí. Para corregir la falla, tenía que correr simulaciones por algunas horas y luego alcanzar los 4 mil millones de ciclos de reloj en el sistema, todo ello antes de las 17:15 hrs, que sería el momento de la verdad. A las 17:10 encontré lo que parecía causar el problema, y ya sin tiempo para probar, registre los cambios, me puse la bata y salí corriendo para el laboratorio.

En el laboratorio estaban Elmar y Gregor muy tranquilos y relajados ya con todo el sistema en marcha. Gregor tenía una sonrisa de oreja a oreja que con sus mas de 2 metros de estatura lo convertía en un gigante bonachón. Elmar me informó que el módulo Y funcionaba de maravilla, y se rehusaron a escucharme. Por aquella máxima de “no compongas lo que todavía funciona” dejé de insistir. Después de 30 minutos de agonizante espera, llegó Steve escoltado por todos los directivos, entre ellos mi jefe, que querían presenciar la Premiere mundial. Steve tomo el palco de lujo. Con su excelente dicción y gran agilidad al hablar, Elmar presentó nuestro trabajo. Desde la charla que Steve había dado una hora antes, me había percatado que es un personaje poco expresivo. Por suerte la atención de todos se centraba en lo que hacía Elmar y nadie notó mi cara de angustia cuándo él presionó el botón que mostraba los resultados del módulo Y. ¡Ahí estaban! ¡No daba crédito! ¡Casí grito y empiezo a saltar de júbilo! Las expresiones de asombro y las palabras de felicitación para el equipo me contuvieron de hacerlo. Todos los directivos se agolparon sobre el monitor para ver los resultados y reverenciar el sistema. Minutos mas tarde el grupo había dejado el laboratorio. Solamente quedamos Elmar, yo y nuestra gran sonrisa de satisfacción. El jefe de mi jefe regresó al laboratorio para extendernos la mano y felicitarnos personalmente.

Ya en calma y sin presión hicimos otra prueba. ¡El módulo Y no funcionó! Sólo el pensar que eso pudo haber pasado durante la presentación nos provocó angustia de nuevo. Mas tarde encontré al insecto responsable del problema columpiándose muy campante, no en el módulo Y, si no en el módulo F. Ese engreído bellaco convertía una variable de 64 bits a otra de 32 bits y luego se la daba muy ufano al módulo Y como si fuera una de 64 bits. Así pues, al exceder el sistema el límite de 4,294,967,295 ciclos de reloj, dejaba de funcionar. Si hubiésemos hecho una prueba más antes de la presentación eso habría ocurrido y hubiese terminado todo en una penosa catástrofe.

¿Verdad que no es superstición mi teoría de los obstáculos?

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Carrera nocturna o de cómo llegué a ser Angela Schwarz

Posted by sudranoel on 16th June 2007

Una noche tibia de verano después de llover. La ciudad de Braunschweig ebulle de vida. Por todos lados hay corredores con números al pecho. Mujeres y hombres de todas las edades reunidos detrás de la línea de salida, esperan impacientes y nerviosos salir a galope. Bromean, cantan y ríen. Los mas ambiciosos tratan de colocarse al frente para salir disparados con el camino libre. Prefiero quedarme en el corazón de la multitud e imaginar historias y argumentos uniendo a todos esos personajes. Por ejemplo, a un extremo del pelotón se oye a una mujer girtar: “Johann !” El hombre frente a mi se vuelve y levanta la mano. La mujer se filtra por las porosidades de la mulchedumbre y justo frente a mi casi me lleva en el abrazo abrasante que prendió a Johann. Quizá es el reencuentro de un amor perdido, o eran tal vez amantes que en su beso de despedida pretendiendo ser amuleto para la carrera compartieron su intimidad aislándose de la multitud por el tiempo en que el efímero ósculo duró.

Un disparo al aire desata gritos de júbilo y aplausos, poniendo la masa en movimiento. Aunque uno no quisisera moverse, sería arrastrado por el gran caudal, en cuyo cauce los espectadores se degañotan con gritos de apoyo. La música de una orquesta de metales casi me arranca una lágrima de alegría por estar ahí, viviendo ese momento, si bien en realidad no soy yo el que está ahi metido. Es Angela Schwarz.

Angela corré al paso de sus compañeros de equipo y toma una paso de flotación. Veo por sus ojos, siento los latidos de su corazón, y sincronizo mi respirar al suyo. Sigo el ágil paso de Thorsten y Klaus entre intrincadas callejuelas mediavales. De ser yo no tendría ninguna posibilidad. Tan sólo he trotado una sóla vez este año. Por suerte somos ella, quién de seguro ha entrenado y se ha preparado bien. Entre la multitud escucho que gritan mi nombre varias veces. Alcanzo a reconocer algunos rostros, pero a menudo solo escucho las voces gritando mi nombre y arengándome en español a mantener el paso. Correspondo agitando la mano en todo lo alto. Pero todos se equivocan. No soy yo, soy Angela Schwarz.

El sprint final es definitorio para que Angela obtenga un magnífico resultado: 5ª lugar de su categoría, 8ª lugar del equipo (de 24 integrantes), y 13ª de todas las mujeres. Cruzando la meta he dejado de ser ella. Ahora puedo sentir la lluvia refrescante en mi porpia piel. Mi segundo trote del año ha terminado.

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Sobredosis

Posted by sudranoel on 12th June 2007

Era viernes en la noche. Sonó el teléfono y no hice ningún esfuerzo por contestar. La semana había sido muy larga con jornadas de sol a sol, y vaya que a esta latitud los días rondando el solsticio de verano son largos como la vía del tren. Skonja contestó el teléfono. Entre sueños escuché mi nombre. Juro que no hice ningún intento de acercarme al teléfono ¿cómo es que de pronto lo tuviera al oído? Era Trixi, quién casi en tono de súplica me invitaba a participar en un torneo de baloncesto el fin de semana. Los equipos debían tener por lo menos 2 mujeres y tres hombres sobre la duela, y no tenían suficientes varones. Por alguna misteriosa razón acepté. Tal vez por que escuché la voz de Johnny en el fondo gritar ¡México! ¡México!

Al día siguiente me costó bastante trabajo encontrar el gimnasio dónde jugábamos. El torneo BaBa mixed (abreviación de Basket Ball) es tal vez el mas grande en su género en Alemania (y en Europa). Así pues en todas las duelas de la ciudad se juega baloncesto a todos los niveles; desde amateur hasta Bundesliga. Llegué justo cuando el árbitro estaba por lanzar la bola al aire. Sin calentar siquiera, y pese a mis reclamos y justificaciones en la larga inactividad basquetbolística por meses, los compañeros me mandaron a disputar al salto. Instantes después tenía el balón en mis manos y lanzaba a la canasta para abrir el marcador. No lo podía creer. Eso sólo podía ser un buen augurio. Jugué seis partidos de baloncesto en un clima de calor extremo. Si bien ya no tengo la movilidad de antaño, el colmillo largo y retorcido desarrollado durante mucho tiempo me permitió ser combativo y disfrutar cada uno de los juegos.

El promedio de estatura de nuestro equipo era mas bien bajo en comparación con otros. Tenía que mirar hacía arriba (y sonreir amablemente) a casi todos mis homólogos desde mi posición de centro. Las mujeres de otros equipos eran tan o mas altas que yo, siendo el más alto en mi equipo. Por si fuera poco, había una regla que prohibía bloquear a las mujeres. ¡Que abusivas! Con 1.90 m de estatura en México debo aceptar que generalmente tenía ventaja al jugar, pero desde que estoy en Alemania he tenido que cambiar mi estilo de juego, mas basado en la velocidad que en la estatura.

Lo que compensaba nuestra falta de estatura, era sin duda eso, la velocidad, aunque no precisamente la mía. Ines, una chica de 1.70 y de aspecto normal, marcaba el son del baile y lo llevaba a ritmos infernales. Además era muy buena para encestar de lejos. Mas tarde me enteré que el angelito jugaba en la Bundesliga.

El domingo volvimos a jugar, ahora desbalanceados del lado de Venus. Hicimos dos contrataciones de último minuto: la mismísima Skonja, un bastión en la defensa (especialista en intimidar psicológicamente a monigotes de 1.90), y Bine, explosividad pura al ataque. Durante las pausas de los encuentros me sorprendía ver su espigada figura lanzando el balón al la canasta descalza. También era sorprendente que tan rápido clazaba los zapatos para brincar a la duela nuevamente (aunque nunca la observé hacerlo). La sorpresa máxima fue verla con ¡zapatos y descalza al mismo tiempo! Era algo así como el gato de Schrödinger. Después me enteré que se trataba de dos hermanas gemelas.

No ganamos el torneo (aunque conseguimos el mejor puesto de la historia de nuestra asociación), pero como nos divertimos. Fué una sobredosis basquetbolística y hoy todavía siento la resaca.

Alguna vez jugar al baloncesto era cosa tan frecuente como lo es cepillarse los dientes. Hoy, sin embargo, jugar más de una vez al día es un hecho que se tiene que registrar en alguna bitácora.

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