Era viernes en la noche. Sonó el teléfono y no hice ningún esfuerzo por contestar. La semana había sido muy larga con jornadas de sol a sol, y vaya que a esta latitud los días rondando el solsticio de verano son largos como la vía del tren. Skonja contestó el teléfono. Entre sueños escuché mi nombre. Juro que no hice ningún intento de acercarme al teléfono ¿cómo es que de pronto lo tuviera al oído? Era Trixi, quién casi en tono de súplica me invitaba a participar en un torneo de baloncesto el fin de semana. Los equipos debían tener por lo menos 2 mujeres y tres hombres sobre la duela, y no tenían suficientes varones. Por alguna misteriosa razón acepté. Tal vez por que escuché la voz de Johnny en el fondo gritar ¡México! ¡México!

Al día siguiente me costó bastante trabajo encontrar el gimnasio dónde jugábamos. El torneo BaBa mixed (abreviación de Basket Ball) es tal vez el mas grande en su género en Alemania (y en Europa). Así pues en todas las duelas de la ciudad se juega baloncesto a todos los niveles; desde amateur hasta Bundesliga. Llegué justo cuando el árbitro estaba por lanzar la bola al aire. Sin calentar siquiera, y pese a mis reclamos y justificaciones en la larga inactividad basquetbolística por meses, los compañeros me mandaron a disputar al salto. Instantes después tenía el balón en mis manos y lanzaba a la canasta para abrir el marcador. No lo podía creer. Eso sólo podía ser un buen augurio. Jugué seis partidos de baloncesto en un clima de calor extremo. Si bien ya no tengo la movilidad de antaño, el colmillo largo y retorcido desarrollado durante mucho tiempo me permitió ser combativo y disfrutar cada uno de los juegos.

El promedio de estatura de nuestro equipo era mas bien bajo en comparación con otros. Tenía que mirar hacía arriba (y sonreir amablemente) a casi todos mis homólogos desde mi posición de centro. Las mujeres de otros equipos eran tan o mas altas que yo, siendo el más alto en mi equipo. Por si fuera poco, había una regla que prohibía bloquear a las mujeres. ¡Que abusivas! Con 1.90 m de estatura en México debo aceptar que generalmente tenía ventaja al jugar, pero desde que estoy en Alemania he tenido que cambiar mi estilo de juego, mas basado en la velocidad que en la estatura.

Lo que compensaba nuestra falta de estatura, era sin duda eso, la velocidad, aunque no precisamente la mía. Ines, una chica de 1.70 y de aspecto normal, marcaba el son del baile y lo llevaba a ritmos infernales. Además era muy buena para encestar de lejos. Mas tarde me enteré que el angelito jugaba en la Bundesliga.

El domingo volvimos a jugar, ahora desbalanceados del lado de Venus. Hicimos dos contrataciones de último minuto: la mismísima Skonja, un bastión en la defensa (especialista en intimidar psicológicamente a monigotes de 1.90), y Bine, explosividad pura al ataque. Durante las pausas de los encuentros me sorprendía ver su espigada figura lanzando el balón al la canasta descalza. También era sorprendente que tan rápido clazaba los zapatos para brincar a la duela nuevamente (aunque nunca la observé hacerlo). La sorpresa máxima fue verla con ¡zapatos y descalza al mismo tiempo! Era algo así como el gato de Schrödinger. Después me enteré que se trataba de dos hermanas gemelas.

No ganamos el torneo (aunque conseguimos el mejor puesto de la historia de nuestra asociación), pero como nos divertimos. Fué una sobredosis basquetbolística y hoy todavía siento la resaca.

Alguna vez jugar al baloncesto era cosa tan frecuente como lo es cepillarse los dientes. Hoy, sin embargo, jugar más de una vez al día es un hecho que se tiene que registrar en alguna bitácora.