Archive for July, 2007

Los cuatro forasteros

Posted by sudranoel on 24th July 2007

En un lugar de Baviera de cuyo nombre no quiero acordarme, cuatro forasteros buscaban dónde saciar su hambre feroz, tras 8 horas de actividades deportivas, durante las cuales habían comido sólo bananas, barras energéticas y potajes semejantes. Fué así que llegaron a la única pizzeria del minúsculo pueblo dónde se llevaba a cabo la competencia. Al entrar se percatan desilusionados de que todas las mesas a la vista se encuentran ocupadas o reservedas. Sin darse por vencidos, antes de dejar el local preguntan a la camarera por alguna mesa disponible. Ella mira el reloj, y los conduce a una mesa al fondo para cuatro personas. Enciende la vela, y retira el letrero de “reservado” que ahí se posaba.

Los cuatro forasteros procedentes de las capitales de los cuatro continentes esperaban ansiosos las cartas del menú. Después de una espera de quince minutos las recibieron. Amir, el de Theran, de inmediato sugirió pedir las bebidas, una vez que habían visto el retraso. Lo secundaron Mike el tres dedos de Colonia, y Sudranoel de México, D.F. Solamente Khaled, el de Estocolmo (que por razones inescrutables fungía como capital de Tunez), decidió esperar para ordenar. Craso error. El camarero no apareció con las bebidas si no hasta 45 minutos después. Pidieron entonces cada uno sendas pizzas para saciar su apetito voraz. El camarero les dijo que la pizza tardaría de 20 a 30 minutos y se evaporó.

La espera fué larga. Mientras conjeturaban sobre las causas de la tardanza, al mismo tiempo buscaban algo comestible a su alrrededor. Tal vez la mesa tenga alguna parte suave, pensaban. Khaled sugirió probar con sal y pimienta. Mientras tanto el tres dedos interceptó al camarero siciliano para pedirle una canasta de pan de pizza para apaciguar el hambre.

Pasaron otros cuarenta minutos. Entonces el camarero supuestamente apenado, se acercó a la mesa olvidada onde los forasteros esperaban para decirles que la pizza tenía un retraso y tardaría por lo menos otros 20 minutos. Era claro un eufemismo para decir: “he olvidaado su pizza y ahora mismo la meteré al horno”.

Estaban  hambrientos pero de buen talante. Por ello no se levantaron de la mesa en ese momento. Seguían haciendo bromas y reviviendo las experiencias del día cuando repentinamente algo inesperado sucedió: Una hora y media después de su llegada, arribó a su mesa una canasta de pan de pizza, pero no de manos del camarero, si no de los vecinos de mesa que se compadecieron de aquellos miserables. Al principio los forasteros rechazaron la oferta tratando de mostrar un cierto nivel de urbanidad. No obstante, el vecino, seguramente intranquilo por los ojos de aquellos fijos en la comida, no tuvo que insistir mucho para que aceptaran la canasta. El hambre es canija. En ese instante terminaron las conversaciones y volaron migajas por doquier. Al cabo de unos minutos la canasta estaba vacía. Recibieron entonces otra dotación recopilada por los mismos vecinos.

Los otros vecinos comíen sus pizzas inquietos bajo la mirada filosa cual escalpelo de los forasteros. Soportoban estoicos los chistes y bromas de éstos, por saber que habían llegado después y recibido sus platillos antes. Cuando estaban a punto de cubrir sus platos con las manos dadas las amenazantes miradas, sucedió el milagro: El camarero llegó con las pizzas para los forasteros. Tras unos breves minutos de burbujeo, los platos vacíos emulaban los restos de un cervatillo saliendo a flote tras haber caído a un río infestado de pirañas.

Khaled y el tres dedos hablaban en italiano con el camarero. Tras las negociaciones recibieron una grappa y un espresso para los 4 forasteros por cuenta de la casa. Al final obtuvo el siciliano una generosa propina en forma de chistes y bromas, que tuvo a bien aceptar, ya que era conciente de merecer en realidad sólo gritos e insultos.

Los forasteros encontraron a unos de sus contrincantes en la mesa que anteriormente estaba ocupada por aquellos caritativos sexagenarios que les habían dado las dos canastas con pan de pizza. Los reconocieron de inmediato. ¡Eran aquellos que los habían acribillado 7-0 en fútbol quitándoles el invicto! Se saludaron a la usanza con el servus bávaro. El tres dedos les preguntó en tono amigable qué lugar habían obtenido hasta ese momento. Todos respondieron a coro con una sonrisa socarrona: “En último”. Agregaron: “El único juego que pudimos ganar fué en fútbol contra ustedes, pero como lo disfrutamos”. Esa sentencia habia sido el postre de los forasteros.

Historia relacionada: La justa y el Jolgorio.

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II.Quattroball: La justa y el jolgorio

Posted by sudranoel on 10th July 2007

Las tiendas de campaña estaban ya en pié. Eran una alfombra multicolor sobre el verde de la pradera alrrededor del campo de la contienda, donde se erguían también las porterías de handball, que esperaban pacientemente ser el centro de atracción al día siguiente. Aún era más llamativa la urdidumbre de música, voces, cantos y olor a carne asada de los campamentos.

Hicimos una ronda de reconocimiento. Se hablaba con todo mundo sobre la competición. Todos querían tantear el terreno. A lo lejos una voz cantaba en ostinato. “¿De dónde vienen?”. La voz se acercaba. “Nosotros venimos de Braunschweig”. El tipo que canta parece que ha tomado demasiado. “Estamos en el grupo A y es la primera vez que participamos”. El tipo que pretende cantar (mas bien emite sonidos guturales) está muy cerca de nosotros. “Hay equipos que entrenan todo el año para éste torneo.”. Siento una mano sobre mi hombro y por el grito desafinado solamente puede ser aquél. Lo saludo y mágicamente deja de cantar para conversar con nosotros. Desde su primera palabra nos llega un tufo a cerveza que embriagaría a un búfalo salvaje. A pesar de ello el tipo podía conversar. “A nuestro equipo no le importa la competencia. Sólo estamos aquí por el jolgorio”, nos decía. “Sólo por curiosidad..” pregunté, “¿en que grupo está tu equipo?”. “En al A”, nos dijo. Nuestras miradas se iluminaron pensando que si el resto del equipo estaba en el mismo estado que ese jovenzuelo, teníamos un rival menos del cuál preocuparnos. “¿Cómo se llama tu equipo?”. Se irguió para responder con aire de orgullo “El reuma de Carlos”. Todos nos miramos conteniendo la risa. Alguien pregunta “¿quién es Carlos?”. El chico se encoje de hombros y sigue su camino. Apenas ha dado unos pasos y retoma sus cánticos. Ahora puedo entender lo que dice: “¡El reuma! ¡el reuma! ¡el reuma de Carlos!”.

La lluvia extingue los cantos y el fuego de los asadores. Con el fuego también se extingue la luz del día. Después de una cena de carbohidratos nos internamos en las tiendas de campaña y nos metemos en los sacos de dormir. Una de las tiendas tiene todavía lodo fresco del festival-Hurricane, (el festival de pop y rock mas grande de Europa) celebrado una semana antes en las cercanías de Hamburgo. Tal vez ello invocó la presencia de Thor esa noche, para que dejara caer su trueno y furia líquida sobre las frágiles tiendas. El golpeteo arrítmico de la tormenta sobre la lona era la única voz que se escuchaba en el campamento. Llovía a cantaros sin tregua. El agua escurría y me parece que buscaba frenéticamente como entrar sin conseguirlo. Encapullado en el tibio saco de dormir me maravillé de poder estar seco. Ese fué mi último pensamiento aquella noche en medio de la tormenta.

A la mañana siguiente nos encasquetamos las casacas azules que nos daban nombre y fuimos a ver el rol de juegos. ¿Contrá quién nos tocará jugar? ¿con qué deporte iniciaremos? “Blue men group vs El reuma de Carlos - Volleyball” . Gritamos de júbilo. Antes de desayunar nos encontramos con nuestros refuerzos de Munich: Sabine, Anja, Nina y Frank. Éste último hablaba muy bien español, con un acento sudamericano. De hecho lo daba por chileno. Sabine era su novia y la entrenadora de Handball de Anja y Nina, ambas educadoras de jardín de niños. Ahora estábamos completos. nos aguardaban ocho juegos ese día; dos por cada deporte.

Empezamos a tambor batiente. El juego inagural de Volleyball contra “El reuma de Carlos” fué ciertamente un jolgorio. Al terminar el partido nuestro azul se fundió con su naranja y bramamos su grito de batalla con vehemencia: “¡El reuma! ¡el reuma! ¡el reuma de Carlos!”

El siguiente juego era de baloncesto. Estaba pues en mi elemento, aunque sabía que encararíamos rivales fuertes. La región de Bamberg es basquetbolera de abolengo. Antes del salto inicial, los del otro equipo nos vieron hacia arriba y preguntaron: “¿cómo es que están tan grandotes?”. Teníamos un promedio de estatura decente, algo como 1.85 m. El silbatazo inicial desató la ráfaga sobre la duela. Ese juego también lo ganamos.

Llegaría para mí la hora de la verdad. Jugaríamos Handball. Antes de que me explicaran las reglas calentamos lanzando la pelotita. Al principio se me escurría de las manos, pero me acostumbré a ella rápidamente. Sabine esbozó la estrategia, y me incluyó en la alineación titular. Mi divisa era estirar los brazos en la defensa. Notamos que el equipo rival no contaba con mujeres, pero eso no alteró la alineación de Sabine con las dos pequeñas y dulces rubias dieciochoañeras al frente. Al lado de aquellos mastodontes eran unas muñequitas de aparador. El juego inició. A pesar de estar acostumbrado a los deportes rudos de contacto, como el football americano, mi recato basquetbolero me impedía mover los pivotes al avanzar y someter prácticamente a los atacantes. Por fortuna el ejemplo me lo dieron aquellas dos dulzuras que sobre el césped se transformaron en bestias iracundas de pelea. Se dejaban ir con enjundia y sin piedad sobre la línea defensora como arietes con catapulta. Nada de canciones infantiles. Nada de campanas de cristal sobre ellas. Al atacar sus ojos azules tendrían el rojo destello de Aldebarán y a su mirada temería el mismísimo Lucifer. La primera vez que me dieron el balón al ataqué, sorprendí a la defensa que esperaba me dejará ir de lleno, y a un escaso metro de dónde se encontraba su línea me impulsé con el brazo extendido superñe su línea, fustigué como látigo desde lo alto. El balón se le coló al portero entre las piernas. Ese fué nuestro primer gol en Handball, y el motivo de que le tomara gusto. Cada vez hacía el disparo mejor, sobre todo por que iba perfeccionando el gesto de sarraceno sanguinario. Nina y Anja anotaron muchos goles también. Ese juego lo ganamos por un gol.

Con un inicio bastante promisorio marchábamos invictos. Pero vendría el maldito fútbol donde nos han puesto un baile de antología. 7-0 fué el resultado final. La frustración por el resultado nos desconcetró de tal forma que perdimos el siguiente juego de volleyball por errores innecesarios. En otras condiciones hubiésemos ganado sin problema. Ganar en baloncesto nos alzó un poco la moral, pero enfrentamos un equipo de Handball que nos hizo volver a la realidad. Además vendría otra vez el tormento del futbol al final de la jornada: 6-0. Sin palabras.

En una pizzeria nos encontramos al primer equipo de fútbol que nos apaleó. Con acento bávaro nos dijeron que iban en último lugar. De hecho, ese juego de fútbol era el único que habían ganado hasta el momento. Incluso “el reuma de Carlos” estaba mejor clasificado que ellos. También nos hicieron saber, el otro equipo que nos ganó en futbol era nada menos que el campeón regional de futbol.

Clasificamos al grupo D para disputar estar entre los 50 mejores equipos, de un total de 100, al día siguiente. Estábamos de verdad aporreados después de 8 horas de deporte. Por cierto, nunca me había cambiado tantas veces de zapatos en un día; zapatos para jugar volleyball y handaball en el césped, zapatos con tachones para fútbol, zapatos para básquetbol sobre duela…

El domingo quedamos tablas en volleyball (ganamos uno y perdimos uno). Igualmente sucedió en handball. Un hecho sobresaliente fué que festejamos nuestro único gol anotado por Frank en fútbol como si hubiese sido el del campeonato. Además el último juego lo perdimos nada mas 2-0. ¡Por lo menos ya se escucha como marcador de fútbol! En basketball nuestra intención era mantener el invicto, pero tuvimos un deja vu a la inversa: Antes del salto inicial, vimos a los del otro equipo hacia arriba y les preguntamos: “¿cómo es que están tan grandotes?”. Tenían un promedio de estatura de 1.98 m. También quedamos tablas pues.

Después de otras 8 horas de deporte el domingo emprendimos el regreso a Braunschweig bastante mermados físicamente. Yo, que era el que sin duda en mejor estado físico se encontraba (no gemía al caminar), tenía una lesión en las extremidades por cada deporte, a excepción del Handball de donde milagrosamente había salido indemne. En el auto, cuando nadie hablaba ya por el cansancio, transmitieron por el radio el tema de Rocky. Esa fanfarría de trompetas a la usanza romana nos levanto la moral. La tarareamos a coro, reimos y nos hizo sentir victoriosos. Así perjuramos que regresaríamos el año entrante.

Historia relacionada:

I.Quatroball: Con Werner a Werneck

Nota al margen: Si algún lector quiere reforzar nuestro equipo para el próximo año (del 5 al 6 de julio del 2008) es cordialmente bienvenido. Aqui hay mas fotos del evento.

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I.Quattroball: Con Werner a Werneck

Posted by sudranoel on 7th July 2007

Werner conducía por el carril de la derecha. Habíamos conversado casi dos horas, lo que nos había dado tiempo para conocernos mejor. Nos aguardaban por lo menos otras tres horas de camino hasta Memmelsdorf. Durante esa pausa contemplaba la frondosa vegetación de Hessen. Repentinamente sentí que nos cargábamos demasiado a la derecha. Íbamos ya sobre el acotamiento cuando Werner rectificó el rumbo bruscamente. Con la misma brusquedad me volví hacia él. Ahí iba él, conduciendo y al mismo tiempo llevaba una hoja impresa de papel y un lápiz en la mano, corroborando y corrigiendo los resultados de su algoritmo para la asignación de árbitros a los partidos del Quattroball, que había escrito la madrugada anterior. Werner nació muy cerca de Memmelsdorf, el sitio de la justa y dónde ahora viven sus padres. Desde hace años él y su hermano Dieter son los principales organizadores del evento. Werner fué entonces el que nos alborotó a participar en el torneo. Él había trabajado demasiado en la firma durante las últimas semanas, por lo que prácticamente sólo le quedaban los tiempos muertos para organizar el Quattroball.

Para entender por qué Werner hacía ese tipo de cosas, es necesario conocerlo un poco más. Pareciera tener votos de pobreza cuál caballero templario, pero no, pobre no es. En realidad es que vive con lo estrictamente ncesario, gasta lo estrictamente necesario y viste lo estrictamente necesario. Es la única persona que conozco que en invierno, con temperaturas bajo cero, llega al trabajo en bicicleta vistiendo una camiseta de algodón, pantalones cortos, calcetines de lana y sandalias. No más. Si uso el adjetivo “austero” para describir su auto quedaré corto. Los artículos de lujo con que está equipado son un reproductor de cassettes y un radio de onda corta para comunicarse con su padre. A pesar de que es un hombre que contribuye a desarrollar la tecnología del futuro, su auto y su vestimenta carecen de modernidad, y pudiera pensarse que de alguna manera se han transportado desde los años setenta hasta nuestros días. Así es Werner, alguien que aprovecha todos sus recursos al máximo y si puede hacer dos cosas a la vez, seguro que las hará.

En contraste a la austeridad de su apariencia física está su gran intelecto. En el área técnica es de las mentes mas brillantes que conozco, y es además un tipo perfeccionista. Por si fuera poco tiene una gran seguridad sobre sí mismo que a veces raya en la arrogancia. Tal vez por ello siempre había optado por tratarlo con lejanía.
Durante el trayecto descubrí su faceta de buen conversador. Por suerte había dejado los resultados de su programa de lado, y conversaba conmigo. Háblamos de música, deporte, tecnología, y dese luego al pasar por Kassel, dónde se lleva a cabo la Documenta, la exposición de arte contemporáneo mas importante del mundo, disertamos sobre el papel del arte en nuestra sociedad. Ya en territorio bávaro y muy cerca de nuestro destino final, me llevó al poblado de Werneck para visitar el castillo de Werneck, obra del arquitecto Balthasar Neumann y pieza exquisita del arte barroco, transformado hoy en día en un hospital. Debo reconocer que no había visto jamás una obra de Neumann. Su nombre me era familiar por que su efigie estaba impresa en los viejos billetes de 50 marcos.

Llegamos a Memmelsdorf. Un pueblo de unos 3,000 habitantes, que una vez al año capta la atención de Alemania por el el tradiconal evento que se celebra desde 1986. Muchos equipos, como nosotros, vienen de puntos distantes y algunos hasta de otros paises. Encontramos sin problemas entre la multitud a nuestros compañeros de equipo el blue man group: Mike, Amir y Khaled. Después de cuadrar la logística Werner se despidió para continuar con la elaboración del rol de juegos.

Los campamentos se levantaban ágilmente entre el bullicio, aunque una tormenta se cernía sobre nuestras cabezas esa noche del viernes.

Fin de la primera parte.

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