Las tiendas de campaña estaban ya en pié. Eran una alfombra multicolor sobre el verde de la pradera alrrededor del campo de la contienda, donde se erguían también las porterías de handball, que esperaban pacientemente ser el centro de atracción al día siguiente. Aún era más llamativa la urdidumbre de música, voces, cantos y olor a carne asada de los campamentos.

Hicimos una ronda de reconocimiento. Se hablaba con todo mundo sobre la competición. Todos querían tantear el terreno. A lo lejos una voz cantaba en ostinato. “¿De dónde vienen?”. La voz se acercaba. “Nosotros venimos de Braunschweig”. El tipo que canta parece que ha tomado demasiado. “Estamos en el grupo A y es la primera vez que participamos”. El tipo que pretende cantar (mas bien emite sonidos guturales) está muy cerca de nosotros. “Hay equipos que entrenan todo el año para éste torneo.”. Siento una mano sobre mi hombro y por el grito desafinado solamente puede ser aquél. Lo saludo y mágicamente deja de cantar para conversar con nosotros. Desde su primera palabra nos llega un tufo a cerveza que embriagaría a un búfalo salvaje. A pesar de ello el tipo podía conversar. “A nuestro equipo no le importa la competencia. Sólo estamos aquí por el jolgorio”, nos decía. “Sólo por curiosidad..” pregunté, “¿en que grupo está tu equipo?”. “En al A”, nos dijo. Nuestras miradas se iluminaron pensando que si el resto del equipo estaba en el mismo estado que ese jovenzuelo, teníamos un rival menos del cuál preocuparnos. “¿Cómo se llama tu equipo?”. Se irguió para responder con aire de orgullo “El reuma de Carlos”. Todos nos miramos conteniendo la risa. Alguien pregunta “¿quién es Carlos?”. El chico se encoje de hombros y sigue su camino. Apenas ha dado unos pasos y retoma sus cánticos. Ahora puedo entender lo que dice: “¡El reuma! ¡el reuma! ¡el reuma de Carlos!”.

La lluvia extingue los cantos y el fuego de los asadores. Con el fuego también se extingue la luz del día. Después de una cena de carbohidratos nos internamos en las tiendas de campaña y nos metemos en los sacos de dormir. Una de las tiendas tiene todavía lodo fresco del festival-Hurricane, (el festival de pop y rock mas grande de Europa) celebrado una semana antes en las cercanías de Hamburgo. Tal vez ello invocó la presencia de Thor esa noche, para que dejara caer su trueno y furia líquida sobre las frágiles tiendas. El golpeteo arrítmico de la tormenta sobre la lona era la única voz que se escuchaba en el campamento. Llovía a cantaros sin tregua. El agua escurría y me parece que buscaba frenéticamente como entrar sin conseguirlo. Encapullado en el tibio saco de dormir me maravillé de poder estar seco. Ese fué mi último pensamiento aquella noche en medio de la tormenta.

A la mañana siguiente nos encasquetamos las casacas azules que nos daban nombre y fuimos a ver el rol de juegos. ¿Contrá quién nos tocará jugar? ¿con qué deporte iniciaremos? “Blue men group vs El reuma de Carlos – Volleyball” . Gritamos de júbilo. Antes de desayunar nos encontramos con nuestros refuerzos de Munich: Sabine, Anja, Nina y Frank. Éste último hablaba muy bien español, con un acento sudamericano. De hecho lo daba por chileno. Sabine era su novia y la entrenadora de Handball de Anja y Nina, ambas educadoras de jardín de niños. Ahora estábamos completos. nos aguardaban ocho juegos ese día; dos por cada deporte.

Empezamos a tambor batiente. El juego inagural de Volleyball contra “El reuma de Carlos” fué ciertamente un jolgorio. Al terminar el partido nuestro azul se fundió con su naranja y bramamos su grito de batalla con vehemencia: “¡El reuma! ¡el reuma! ¡el reuma de Carlos!”

El siguiente juego era de baloncesto. Estaba pues en mi elemento, aunque sabía que encararíamos rivales fuertes. La región de Bamberg es basquetbolera de abolengo. Antes del salto inicial, los del otro equipo nos vieron hacia arriba y preguntaron: “¿cómo es que están tan grandotes?”. Teníamos un promedio de estatura decente, algo como 1.85 m. El silbatazo inicial desató la ráfaga sobre la duela. Ese juego también lo ganamos.

Llegaría para mí la hora de la verdad. Jugaríamos Handball. Antes de que me explicaran las reglas calentamos lanzando la pelotita. Al principio se me escurría de las manos, pero me acostumbré a ella rápidamente. Sabine esbozó la estrategia, y me incluyó en la alineación titular. Mi divisa era estirar los brazos en la defensa. Notamos que el equipo rival no contaba con mujeres, pero eso no alteró la alineación de Sabine con las dos pequeñas y dulces rubias dieciochoañeras al frente. Al lado de aquellos mastodontes eran unas muñequitas de aparador. El juego inició. A pesar de estar acostumbrado a los deportes rudos de contacto, como el football americano, mi recato basquetbolero me impedía mover los pivotes al avanzar y someter prácticamente a los atacantes. Por fortuna el ejemplo me lo dieron aquellas dos dulzuras que sobre el césped se transformaron en bestias iracundas de pelea. Se dejaban ir con enjundia y sin piedad sobre la línea defensora como arietes con catapulta. Nada de canciones infantiles. Nada de campanas de cristal sobre ellas. Al atacar sus ojos azules tendrían el rojo destello de Aldebarán y a su mirada temería el mismísimo Lucifer. La primera vez que me dieron el balón al ataqué, sorprendí a la defensa que esperaba me dejará ir de lleno, y a un escaso metro de dónde se encontraba su línea me impulsé con el brazo extendido superñe su línea, fustigué como látigo desde lo alto. El balón se le coló al portero entre las piernas. Ese fué nuestro primer gol en Handball, y el motivo de que le tomara gusto. Cada vez hacía el disparo mejor, sobre todo por que iba perfeccionando el gesto de sarraceno sanguinario. Nina y Anja anotaron muchos goles también. Ese juego lo ganamos por un gol.

Con un inicio bastante promisorio marchábamos invictos. Pero vendría el maldito fútbol donde nos han puesto un baile de antología. 7-0 fué el resultado final. La frustración por el resultado nos desconcetró de tal forma que perdimos el siguiente juego de volleyball por errores innecesarios. En otras condiciones hubiésemos ganado sin problema. Ganar en baloncesto nos alzó un poco la moral, pero enfrentamos un equipo de Handball que nos hizo volver a la realidad. Además vendría otra vez el tormento del futbol al final de la jornada: 6-0. Sin palabras.

En una pizzeria nos encontramos al primer equipo de fútbol que nos apaleó. Con acento bávaro nos dijeron que iban en último lugar. De hecho, ese juego de fútbol era el único que habían ganado hasta el momento. Incluso “el reuma de Carlos” estaba mejor clasificado que ellos. También nos hicieron saber, el otro equipo que nos ganó en futbol era nada menos que el campeón regional de futbol.

Clasificamos al grupo D para disputar estar entre los 50 mejores equipos, de un total de 100, al día siguiente. Estábamos de verdad aporreados después de 8 horas de deporte. Por cierto, nunca me había cambiado tantas veces de zapatos en un día; zapatos para jugar volleyball y handaball en el césped, zapatos con tachones para fútbol, zapatos para básquetbol sobre duela…

El domingo quedamos tablas en volleyball (ganamos uno y perdimos uno). Igualmente sucedió en handball. Un hecho sobresaliente fué que festejamos nuestro único gol anotado por Frank en fútbol como si hubiese sido el del campeonato. Además el último juego lo perdimos nada mas 2-0. ¡Por lo menos ya se escucha como marcador de fútbol! En basketball nuestra intención era mantener el invicto, pero tuvimos un deja vu a la inversa: Antes del salto inicial, vimos a los del otro equipo hacia arriba y les preguntamos: “¿cómo es que están tan grandotes?”. Tenían un promedio de estatura de 1.98 m. También quedamos tablas pues.

Después de otras 8 horas de deporte el domingo emprendimos el regreso a Braunschweig bastante mermados físicamente. Yo, que era el que sin duda en mejor estado físico se encontraba (no gemía al caminar), tenía una lesión en las extremidades por cada deporte, a excepción del Handball de donde milagrosamente había salido indemne. En el auto, cuando nadie hablaba ya por el cansancio, transmitieron por el radio el tema de Rocky. Esa fanfarría de trompetas a la usanza romana nos levanto la moral. La tarareamos a coro, reimos y nos hizo sentir victoriosos. Así perjuramos que regresaríamos el año entrante.

Historia relacionada:

I.Quatroball: Con Werner a Werneck

Nota al margen: Si algún lector quiere reforzar nuestro equipo para el próximo año (del 5 al 6 de julio del 2008) es cordialmente bienvenido. Aqui hay mas fotos del evento.