Así empezaron las cosas (primera parte de la historia).

A la mañana siguiente desperté con una fuerte resaca, aunque ni la noche anterior, ni en los años que llevaba hasta entonces vividos había bebido una gota de alcohol. Más bien era a causa de todas las emociones del día anterior en las que me había embriagado. Poco a poco fui reconstruyendo los hechos, desde que Catherine me abrió la puerta hasta cuando acarreando los más de 5 kilos de mi latop regresé sin explicaciones a casa.

Aunque no pensaba realmente que la computadora hubiese sido poseída por un espíritu o demonio, tampoco podía rechazarlo categóricamente. Me veía en la necesidad de reunir información suficiente para poder entender que había pasado. Si bien es cierto que en ese entonces el Internet ya existía, distaba mucho de llegar a ser el oráculo al que todo mundo acude para obtener respuestas que es hoy en día, así que mi búsqueda sería en solitario. La gran pregunta era ¿por dónde empezar?

Lo primero que hice fue hablar por teléfono con Odón para relatarle los hechos, teniendo así dos ventajas: primeramente me permitía recopilar toda la información disponible, y por otro lado el escuchar la opinión de alguien como Odón, quién nunca pierde la ecuanimidad ni el contacto con el suelo, me podría indicar la dirección de dónde comenzar a buscar. Mientras hablaba con él me di cuenta que olvidé preguntar a Liza las cosas más básicas de toda reunión espiritista, como por ejemplo quién era ella en realidad, si había sido alguna vez una persona viva y de ser así en que parte del mundo había vivido entre otras cosas. Me llamó entonces la atención de que ella por si misma no menciono nada de eso. Odón opinaba que la computadora había sido de alguna manera manipulada, aunque en ese momento lo daba por imposible, ya que era mi computadora y no había nadie ahí para manipularla. Pero ese fue el punto de partida.

Así pues pensé que la única forma de que llegará la información a través de la computadora sería el programa mismo, y me entregué entonces a la tarea de analizar el ejecutable. Su extensión era tan solo de apenas unos KB y cabía sin ningún problema en un disco flexible, lo que eliminaba la posibilidad que hubiese un algoritmo de inteligencia artificial conectado a una gran base de datos. Lo sé, eran ideas descabelladas, pero a final de cuentas eran más creíbles que pensar que un espíritu tomaba el control del CPU. Inicié el programa para invocar a Liza en MS_DOS que se llamaba wizard al que se le tenía que agregar el parámetro 666 con objeto de darle un toque demoníaco. En la pantalla inicial el programa pedía a la audiencia tomarse de las manos y recitar unas palabras en latín. No recuerdo textualmente qué era lo que decía, sólo recuerdo que me sentí Indiana Jones y con ayuda de mi libro de etimologías greco-latinas, logré interpretar que se trataba de una apología a Satanás. No recordaba que nadie las hubiese dicho y me las salté olímpicamente para tratar de contactar a Liza, sin embargo no funcionó. Después de repetir varias veces la misma frase: “Liza, favor de responder a la siguiente pregunta: estás ahi?” tan sólo recibía no mas de cinco o seis respuestas diferentes que se repetían y sin sentido, como  “Algunas respuestas pueden lastimar, prefiero callar” o “Para tu pregunta el principio de los Dioses no es uno”.

Mi herramienta de Indiana Jones cibernético equiparable al látigo resultó ser un editor hexadecimal con el qué escruté detalladamente el ejecutable. Aunque evidentemente los códigos de las instrucciones en ensamblador no me dirían nada, esperaba encontrar por lo menos las cadenas de texto de las respuestas anteriores e incluso las palabras de invocación en latín. Así sucedió. Ese fue el primer pequeño éxito que me hizo sentir que empezaba a tomar el control de las cosas. Momentos después hice el gran hallazgo que me permitió entenderlo todo. Encontré incrustada la frase: “liza, favor de responder a la siguiente pregunta”. ¡Era la piedra roseta en mi incipiente labor como arqueólogo informático!. Así dejaba de ser Indiana Jones para convertirme en Jean-François Champollion para retomar el cauce afrancesado que lleva esta historia.

Liza desenmascarada (hacer click para agrandar)

Liza desenmascarada (hacer click para agrandar)

Hallar esa frase en el ejecutable quería decir que de alguna manera el programa era el que la desplegaba y no la tecleaba el médium mientras él de hecho algo introducía ¿pero qué mas podría teclear? Muy fácil; la respuesta a la pregunta que después haría. Estaba prácticamente seguro que los que me habían embaucado eran los dos únicos médium a los que Liza respondía: Edgar y Omar. ¡Que razón tenía Odón! Ellos eran los manipuladores que buscaba.

Dado que la petición invocatoria (liza, favor de responder:) empezaba siempre con la letra “l” pensé que cercana a esa tecla tenía que haber otra que al oprimirla permitiera introducir la respuesta mientras desplegaba la frase de petición. Confirmé que la tecla “.” era la que abría y cerraba el  pasadizo secreto. En la primera línea del siguiente ejemplo se muestra los caracteres desplegados mientras el médium tecleaba, y en la segunda los caracteres que en verdad introducía.

lisa, responde por favor: de qué color es mi camisa?

.roja y azul.de porfavor: de qué color es mi camisa?

Respuesta de Liza: roja y azul

Al confirmar que ese par de mequetrefes me habían exhibido frente a las francesas, y por si fuera poco me habían usado tal vez hasta para ligarlas, me quedé un buen rato con la frente clavada en el teclado lanzando maldiciones a diestra y siniestra. Me sentía como Edmundo Dantés cuando en una celda del Castillo de If, con la ayuda del sabio abate Faria había logrado reconstruir el complot del que había sido objeto para ser encarcelado y proceder a jurar que Villefort, Danglars y Fernand Mondego la pagarían.

Recordé vívidamente sus caras sonrientes mientras servían de médium. Los demás contemplaban todo con respeto, pero ellos desde el principio lo disfrutaban. ¡Ahora entiendo por qué!

¡Muy bien! ¡Ahora es mi turno para reír!

En la próxima entrega…el desenlace.