Archive for the 'Juegos y Deportes' Category

II.Quattroball: La justa y el jolgorio

Posted by sudranoel on 10th July 2007

Las tiendas de campaña estaban ya en pié. Eran una alfombra multicolor sobre el verde de la pradera alrrededor del campo de la contienda, donde se erguían también las porterías de handball, que esperaban pacientemente ser el centro de atracción al día siguiente. Aún era más llamativa la urdidumbre de música, voces, cantos y olor a carne asada de los campamentos.

Hicimos una ronda de reconocimiento. Se hablaba con todo mundo sobre la competición. Todos querían tantear el terreno. A lo lejos una voz cantaba en ostinato. “¿De dónde vienen?”. La voz se acercaba. “Nosotros venimos de Braunschweig”. El tipo que canta parece que ha tomado demasiado. “Estamos en el grupo A y es la primera vez que participamos”. El tipo que pretende cantar (mas bien emite sonidos guturales) está muy cerca de nosotros. “Hay equipos que entrenan todo el año para éste torneo.”. Siento una mano sobre mi hombro y por el grito desafinado solamente puede ser aquél. Lo saludo y mágicamente deja de cantar para conversar con nosotros. Desde su primera palabra nos llega un tufo a cerveza que embriagaría a un búfalo salvaje. A pesar de ello el tipo podía conversar. “A nuestro equipo no le importa la competencia. Sólo estamos aquí por el jolgorio”, nos decía. “Sólo por curiosidad..” pregunté, “¿en que grupo está tu equipo?”. “En al A”, nos dijo. Nuestras miradas se iluminaron pensando que si el resto del equipo estaba en el mismo estado que ese jovenzuelo, teníamos un rival menos del cuál preocuparnos. “¿Cómo se llama tu equipo?”. Se irguió para responder con aire de orgullo “El reuma de Carlos”. Todos nos miramos conteniendo la risa. Alguien pregunta “¿quién es Carlos?”. El chico se encoje de hombros y sigue su camino. Apenas ha dado unos pasos y retoma sus cánticos. Ahora puedo entender lo que dice: “¡El reuma! ¡el reuma! ¡el reuma de Carlos!”.

La lluvia extingue los cantos y el fuego de los asadores. Con el fuego también se extingue la luz del día. Después de una cena de carbohidratos nos internamos en las tiendas de campaña y nos metemos en los sacos de dormir. Una de las tiendas tiene todavía lodo fresco del festival-Hurricane, (el festival de pop y rock mas grande de Europa) celebrado una semana antes en las cercanías de Hamburgo. Tal vez ello invocó la presencia de Thor esa noche, para que dejara caer su trueno y furia líquida sobre las frágiles tiendas. El golpeteo arrítmico de la tormenta sobre la lona era la única voz que se escuchaba en el campamento. Llovía a cantaros sin tregua. El agua escurría y me parece que buscaba frenéticamente como entrar sin conseguirlo. Encapullado en el tibio saco de dormir me maravillé de poder estar seco. Ese fué mi último pensamiento aquella noche en medio de la tormenta.

A la mañana siguiente nos encasquetamos las casacas azules que nos daban nombre y fuimos a ver el rol de juegos. ¿Contrá quién nos tocará jugar? ¿con qué deporte iniciaremos? “Blue men group vs El reuma de Carlos - Volleyball” . Gritamos de júbilo. Antes de desayunar nos encontramos con nuestros refuerzos de Munich: Sabine, Anja, Nina y Frank. Éste último hablaba muy bien español, con un acento sudamericano. De hecho lo daba por chileno. Sabine era su novia y la entrenadora de Handball de Anja y Nina, ambas educadoras de jardín de niños. Ahora estábamos completos. nos aguardaban ocho juegos ese día; dos por cada deporte.

Empezamos a tambor batiente. El juego inagural de Volleyball contra “El reuma de Carlos” fué ciertamente un jolgorio. Al terminar el partido nuestro azul se fundió con su naranja y bramamos su grito de batalla con vehemencia: “¡El reuma! ¡el reuma! ¡el reuma de Carlos!”

El siguiente juego era de baloncesto. Estaba pues en mi elemento, aunque sabía que encararíamos rivales fuertes. La región de Bamberg es basquetbolera de abolengo. Antes del salto inicial, los del otro equipo nos vieron hacia arriba y preguntaron: “¿cómo es que están tan grandotes?”. Teníamos un promedio de estatura decente, algo como 1.85 m. El silbatazo inicial desató la ráfaga sobre la duela. Ese juego también lo ganamos.

Llegaría para mí la hora de la verdad. Jugaríamos Handball. Antes de que me explicaran las reglas calentamos lanzando la pelotita. Al principio se me escurría de las manos, pero me acostumbré a ella rápidamente. Sabine esbozó la estrategia, y me incluyó en la alineación titular. Mi divisa era estirar los brazos en la defensa. Notamos que el equipo rival no contaba con mujeres, pero eso no alteró la alineación de Sabine con las dos pequeñas y dulces rubias dieciochoañeras al frente. Al lado de aquellos mastodontes eran unas muñequitas de aparador. El juego inició. A pesar de estar acostumbrado a los deportes rudos de contacto, como el football americano, mi recato basquetbolero me impedía mover los pivotes al avanzar y someter prácticamente a los atacantes. Por fortuna el ejemplo me lo dieron aquellas dos dulzuras que sobre el césped se transformaron en bestias iracundas de pelea. Se dejaban ir con enjundia y sin piedad sobre la línea defensora como arietes con catapulta. Nada de canciones infantiles. Nada de campanas de cristal sobre ellas. Al atacar sus ojos azules tendrían el rojo destello de Aldebarán y a su mirada temería el mismísimo Lucifer. La primera vez que me dieron el balón al ataqué, sorprendí a la defensa que esperaba me dejará ir de lleno, y a un escaso metro de dónde se encontraba su línea me impulsé con el brazo extendido superñe su línea, fustigué como látigo desde lo alto. El balón se le coló al portero entre las piernas. Ese fué nuestro primer gol en Handball, y el motivo de que le tomara gusto. Cada vez hacía el disparo mejor, sobre todo por que iba perfeccionando el gesto de sarraceno sanguinario. Nina y Anja anotaron muchos goles también. Ese juego lo ganamos por un gol.

Con un inicio bastante promisorio marchábamos invictos. Pero vendría el maldito fútbol donde nos han puesto un baile de antología. 7-0 fué el resultado final. La frustración por el resultado nos desconcetró de tal forma que perdimos el siguiente juego de volleyball por errores innecesarios. En otras condiciones hubiésemos ganado sin problema. Ganar en baloncesto nos alzó un poco la moral, pero enfrentamos un equipo de Handball que nos hizo volver a la realidad. Además vendría otra vez el tormento del futbol al final de la jornada: 6-0. Sin palabras.

En una pizzeria nos encontramos al primer equipo de fútbol que nos apaleó. Con acento bávaro nos dijeron que iban en último lugar. De hecho, ese juego de fútbol era el único que habían ganado hasta el momento. Incluso “el reuma de Carlos” estaba mejor clasificado que ellos. También nos hicieron saber, el otro equipo que nos ganó en futbol era nada menos que el campeón regional de futbol.

Clasificamos al grupo D para disputar estar entre los 50 mejores equipos, de un total de 100, al día siguiente. Estábamos de verdad aporreados después de 8 horas de deporte. Por cierto, nunca me había cambiado tantas veces de zapatos en un día; zapatos para jugar volleyball y handaball en el césped, zapatos con tachones para fútbol, zapatos para básquetbol sobre duela…

El domingo quedamos tablas en volleyball (ganamos uno y perdimos uno). Igualmente sucedió en handball. Un hecho sobresaliente fué que festejamos nuestro único gol anotado por Frank en fútbol como si hubiese sido el del campeonato. Además el último juego lo perdimos nada mas 2-0. ¡Por lo menos ya se escucha como marcador de fútbol! En basketball nuestra intención era mantener el invicto, pero tuvimos un deja vu a la inversa: Antes del salto inicial, vimos a los del otro equipo hacia arriba y les preguntamos: “¿cómo es que están tan grandotes?”. Tenían un promedio de estatura de 1.98 m. También quedamos tablas pues.

Después de otras 8 horas de deporte el domingo emprendimos el regreso a Braunschweig bastante mermados físicamente. Yo, que era el que sin duda en mejor estado físico se encontraba (no gemía al caminar), tenía una lesión en las extremidades por cada deporte, a excepción del Handball de donde milagrosamente había salido indemne. En el auto, cuando nadie hablaba ya por el cansancio, transmitieron por el radio el tema de Rocky. Esa fanfarría de trompetas a la usanza romana nos levanto la moral. La tarareamos a coro, reimos y nos hizo sentir victoriosos. Así perjuramos que regresaríamos el año entrante.

Historia relacionada:

I.Quatroball: Con Werner a Werneck

Nota al margen: Si algún lector quiere reforzar nuestro equipo para el próximo año (del 5 al 6 de julio del 2008) es cordialmente bienvenido. Aqui hay mas fotos del evento.

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I.Quattroball: Con Werner a Werneck

Posted by sudranoel on 7th July 2007

Werner conducía por el carril de la derecha. Habíamos conversado casi dos horas, lo que nos había dado tiempo para conocernos mejor. Nos aguardaban por lo menos otras tres horas de camino hasta Memmelsdorf. Durante esa pausa contemplaba la frondosa vegetación de Hessen. Repentinamente sentí que nos cargábamos demasiado a la derecha. Íbamos ya sobre el acotamiento cuando Werner rectificó el rumbo bruscamente. Con la misma brusquedad me volví hacia él. Ahí iba él, conduciendo y al mismo tiempo llevaba una hoja impresa de papel y un lápiz en la mano, corroborando y corrigiendo los resultados de su algoritmo para la asignación de árbitros a los partidos del Quattroball, que había escrito la madrugada anterior. Werner nació muy cerca de Memmelsdorf, el sitio de la justa y dónde ahora viven sus padres. Desde hace años él y su hermano Dieter son los principales organizadores del evento. Werner fué entonces el que nos alborotó a participar en el torneo. Él había trabajado demasiado en la firma durante las últimas semanas, por lo que prácticamente sólo le quedaban los tiempos muertos para organizar el Quattroball.

Para entender por qué Werner hacía ese tipo de cosas, es necesario conocerlo un poco más. Pareciera tener votos de pobreza cuál caballero templario, pero no, pobre no es. En realidad es que vive con lo estrictamente ncesario, gasta lo estrictamente necesario y viste lo estrictamente necesario. Es la única persona que conozco que en invierno, con temperaturas bajo cero, llega al trabajo en bicicleta vistiendo una camiseta de algodón, pantalones cortos, calcetines de lana y sandalias. No más. Si uso el adjetivo “austero” para describir su auto quedaré corto. Los artículos de lujo con que está equipado son un reproductor de cassettes y un radio de onda corta para comunicarse con su padre. A pesar de que es un hombre que contribuye a desarrollar la tecnología del futuro, su auto y su vestimenta carecen de modernidad, y pudiera pensarse que de alguna manera se han transportado desde los años setenta hasta nuestros días. Así es Werner, alguien que aprovecha todos sus recursos al máximo y si puede hacer dos cosas a la vez, seguro que las hará.

En contraste a la austeridad de su apariencia física está su gran intelecto. En el área técnica es de las mentes mas brillantes que conozco, y es además un tipo perfeccionista. Por si fuera poco tiene una gran seguridad sobre sí mismo que a veces raya en la arrogancia. Tal vez por ello siempre había optado por tratarlo con lejanía.
Durante el trayecto descubrí su faceta de buen conversador. Por suerte había dejado los resultados de su programa de lado, y conversaba conmigo. Háblamos de música, deporte, tecnología, y dese luego al pasar por Kassel, dónde se lleva a cabo la Documenta, la exposición de arte contemporáneo mas importante del mundo, disertamos sobre el papel del arte en nuestra sociedad. Ya en territorio bávaro y muy cerca de nuestro destino final, me llevó al poblado de Werneck para visitar el castillo de Werneck, obra del arquitecto Balthasar Neumann y pieza exquisita del arte barroco, transformado hoy en día en un hospital. Debo reconocer que no había visto jamás una obra de Neumann. Su nombre me era familiar por que su efigie estaba impresa en los viejos billetes de 50 marcos.

Llegamos a Memmelsdorf. Un pueblo de unos 3,000 habitantes, que una vez al año capta la atención de Alemania por el el tradiconal evento que se celebra desde 1986. Muchos equipos, como nosotros, vienen de puntos distantes y algunos hasta de otros paises. Encontramos sin problemas entre la multitud a nuestros compañeros de equipo el blue man group: Mike, Amir y Khaled. Después de cuadrar la logística Werner se despidió para continuar con la elaboración del rol de juegos.

Los campamentos se levantaban ágilmente entre el bullicio, aunque una tormenta se cernía sobre nuestras cabezas esa noche del viernes.

Fin de la primera parte.

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Velando armas

Posted by sudranoel on 28th June 2007

Mañana a éstas horas estaré de camino a la Franconia en Baviera, para ser precisos a Bamberg para defender los colores de la empresa en el torneo llamado Quattro-ball, que consisite en que un mismo equipo mixto juegue cuatro deportes diferentes, a saber: Handball, Basketball, Football y Volleyball. Será el remate deportivo del verano después del Baba mixed y de la carrera nocturna de Braunschweig.

Creo que en todos los deportes me defiendo, a excepción del Handball. La última vez que lo jugué iba en la primaria. Por suerte tendremos 3 chicas quasi profesionales en éste rubro, que darán seguridad a los no iniciados. Personalmente pienso que podré aportar algo al Basketball. Ojalá también me pueda sintonizar mentalmente durante el soccer con el tri, para que me contagien la alegría futbolera que traen para la copa América.
En total participarán 100 equipos. Nuestra meta es quedar dentro de los primeros 50.

La idea es acampar en el campo deportivo dónde tendrá lugar el evento. Aunque acampar es otra cosa que no he hecho en los últimos 25 años.

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Carrera nocturna o de cómo llegué a ser Angela Schwarz

Posted by sudranoel on 16th June 2007

Una noche tibia de verano después de llover. La ciudad de Braunschweig ebulle de vida. Por todos lados hay corredores con números al pecho. Mujeres y hombres de todas las edades reunidos detrás de la línea de salida, esperan impacientes y nerviosos salir a galope. Bromean, cantan y ríen. Los mas ambiciosos tratan de colocarse al frente para salir disparados con el camino libre. Prefiero quedarme en el corazón de la multitud e imaginar historias y argumentos uniendo a todos esos personajes. Por ejemplo, a un extremo del pelotón se oye a una mujer girtar: “Johann !” El hombre frente a mi se vuelve y levanta la mano. La mujer se filtra por las porosidades de la mulchedumbre y justo frente a mi casi me lleva en el abrazo abrasante que prendió a Johann. Quizá es el reencuentro de un amor perdido, o eran tal vez amantes que en su beso de despedida pretendiendo ser amuleto para la carrera compartieron su intimidad aislándose de la multitud por el tiempo en que el efímero ósculo duró.

Un disparo al aire desata gritos de júbilo y aplausos, poniendo la masa en movimiento. Aunque uno no quisisera moverse, sería arrastrado por el gran caudal, en cuyo cauce los espectadores se degañotan con gritos de apoyo. La música de una orquesta de metales casi me arranca una lágrima de alegría por estar ahí, viviendo ese momento, si bien en realidad no soy yo el que está ahi metido. Es Angela Schwarz.

Angela corré al paso de sus compañeros de equipo y toma una paso de flotación. Veo por sus ojos, siento los latidos de su corazón, y sincronizo mi respirar al suyo. Sigo el ágil paso de Thorsten y Klaus entre intrincadas callejuelas mediavales. De ser yo no tendría ninguna posibilidad. Tan sólo he trotado una sóla vez este año. Por suerte somos ella, quién de seguro ha entrenado y se ha preparado bien. Entre la multitud escucho que gritan mi nombre varias veces. Alcanzo a reconocer algunos rostros, pero a menudo solo escucho las voces gritando mi nombre y arengándome en español a mantener el paso. Correspondo agitando la mano en todo lo alto. Pero todos se equivocan. No soy yo, soy Angela Schwarz.

El sprint final es definitorio para que Angela obtenga un magnífico resultado: 5ª lugar de su categoría, 8ª lugar del equipo (de 24 integrantes), y 13ª de todas las mujeres. Cruzando la meta he dejado de ser ella. Ahora puedo sentir la lluvia refrescante en mi porpia piel. Mi segundo trote del año ha terminado.

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Sobredosis

Posted by sudranoel on 12th June 2007

Era viernes en la noche. Sonó el teléfono y no hice ningún esfuerzo por contestar. La semana había sido muy larga con jornadas de sol a sol, y vaya que a esta latitud los días rondando el solsticio de verano son largos como la vía del tren. Skonja contestó el teléfono. Entre sueños escuché mi nombre. Juro que no hice ningún intento de acercarme al teléfono ¿cómo es que de pronto lo tuviera al oído? Era Trixi, quién casi en tono de súplica me invitaba a participar en un torneo de baloncesto el fin de semana. Los equipos debían tener por lo menos 2 mujeres y tres hombres sobre la duela, y no tenían suficientes varones. Por alguna misteriosa razón acepté. Tal vez por que escuché la voz de Johnny en el fondo gritar ¡México! ¡México!

Al día siguiente me costó bastante trabajo encontrar el gimnasio dónde jugábamos. El torneo BaBa mixed (abreviación de Basket Ball) es tal vez el mas grande en su género en Alemania (y en Europa). Así pues en todas las duelas de la ciudad se juega baloncesto a todos los niveles; desde amateur hasta Bundesliga. Llegué justo cuando el árbitro estaba por lanzar la bola al aire. Sin calentar siquiera, y pese a mis reclamos y justificaciones en la larga inactividad basquetbolística por meses, los compañeros me mandaron a disputar al salto. Instantes después tenía el balón en mis manos y lanzaba a la canasta para abrir el marcador. No lo podía creer. Eso sólo podía ser un buen augurio. Jugué seis partidos de baloncesto en un clima de calor extremo. Si bien ya no tengo la movilidad de antaño, el colmillo largo y retorcido desarrollado durante mucho tiempo me permitió ser combativo y disfrutar cada uno de los juegos.

El promedio de estatura de nuestro equipo era mas bien bajo en comparación con otros. Tenía que mirar hacía arriba (y sonreir amablemente) a casi todos mis homólogos desde mi posición de centro. Las mujeres de otros equipos eran tan o mas altas que yo, siendo el más alto en mi equipo. Por si fuera poco, había una regla que prohibía bloquear a las mujeres. ¡Que abusivas! Con 1.90 m de estatura en México debo aceptar que generalmente tenía ventaja al jugar, pero desde que estoy en Alemania he tenido que cambiar mi estilo de juego, mas basado en la velocidad que en la estatura.

Lo que compensaba nuestra falta de estatura, era sin duda eso, la velocidad, aunque no precisamente la mía. Ines, una chica de 1.70 y de aspecto normal, marcaba el son del baile y lo llevaba a ritmos infernales. Además era muy buena para encestar de lejos. Mas tarde me enteré que el angelito jugaba en la Bundesliga.

El domingo volvimos a jugar, ahora desbalanceados del lado de Venus. Hicimos dos contrataciones de último minuto: la mismísima Skonja, un bastión en la defensa (especialista en intimidar psicológicamente a monigotes de 1.90), y Bine, explosividad pura al ataque. Durante las pausas de los encuentros me sorprendía ver su espigada figura lanzando el balón al la canasta descalza. También era sorprendente que tan rápido clazaba los zapatos para brincar a la duela nuevamente (aunque nunca la observé hacerlo). La sorpresa máxima fue verla con ¡zapatos y descalza al mismo tiempo! Era algo así como el gato de Schrödinger. Después me enteré que se trataba de dos hermanas gemelas.

No ganamos el torneo (aunque conseguimos el mejor puesto de la historia de nuestra asociación), pero como nos divertimos. Fué una sobredosis basquetbolística y hoy todavía siento la resaca.

Alguna vez jugar al baloncesto era cosa tan frecuente como lo es cepillarse los dientes. Hoy, sin embargo, jugar más de una vez al día es un hecho que se tiene que registrar en alguna bitácora.

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El café de los cicleros

Posted by sudranoel on 18th February 2007

La cuenta regresiva ha comenzado. Faltan unos cuantos días para embarcarme a México. Apenas puedo creer que en una semana estaré otra vez tomando un café sentado en una banca frente a “El Jarocho” en Coyoacán, respirando el aire aquél dónde se mezcla el olor del café recién tostado con el olor de las rosas frescas que venden en la calle. De seguro ese escenario enmarcará amenas conversaciones con amigos, sobre todo con cicleros (neologismo introducido por mi madre para designar a todos aquellos ciclistas mal hablados y albureros que habían transmutado a su refinado hijo en uno de ellos).

Recrearemos la ceremonia de todos los domingos en que, al haber terminado nuestra vuelta matutina, en esa misma banca tomábamos alguna de las especialidades como capuchas, moka, cortao o express para acompañar la evocación de todos los acontecimientos ocurridos en la ruta: que si Rubéncio (aka Benni Tallaninni) había aguantado el infernal ritmo del primer grupo en la subida frente a Televisa, o que si durante el descenso Erinco Bigotone había alcanzado los 75 km por hora sobre el velocípedo, o la mancuerna que habían hecho Pepino Moretoni y Luiggi Lasagna para que el primero ganara el sprint final, o de como en su primer salida Joules embistió las rejas que dividen los carriles del periférico, con casco y bicicleta prestados, que por cierto era la legendaria “roña” de el güi. Todos esos temas eran hablados, desmenuzados y degustados a fondo junto con el café. Los episodios épicos eran luego decorados con recuerdos de pasajes chuscso, verbi gratia, el día en que Rubén quería impresionar a Mariana mostrándole como la bicleta era una extensión de su cuerpo y podía con ella esperar el siga en un semáforo sin avanzar o bajar los pies de los pedales, haciendo plena gala de equilibrio circense. Aunque nosotros estábamos habituados a observarlo hacer esos malabares, no lo estábamos a verlo revolcarse en el suelo tratando de zafar los pies de los pedales para levantarse después del azote que blandió desde lo alto de su extensión corporal como había ocurrido ese día. El pasaje se ha inmortalizado con el nombre de El marianazo.

Si mal no recuerdo, quién inició con el ritual del café fué Enrique. Cuándo me uní al grupo formado por el inge, Pepe, Juan Carlos, aka el güi, y el mismo Enrique, la tradición ya existía. En esos tiempos primígenios solíamos aconsejar en el café a Pepe para ganarse los favores de la jocosa, que era la candidata número uno para hacerla su pareja. Cada quién ofrecía su análisis detallado y lecturas de la situación para ayudarlo a lograr su objetivo. A final de cuentas terminó con Carolina, la hermana de la jocosa, así que sin lugar a dudas, aunque erramos el blanco, nuestra contribución se tradujo en un éxito rotundo.

También en ese foro se fraguaban los planes para la siguiente semana. Decidíamos entoces si es que saldríamos a carretera, y dependiendo de nuestro estado físico determinábamos la ruta. Ésta podría ser un recorrido normal, como los 70 km de ida y vuelta al mirador La Loma, los 80 km a Tres Marías, o también rutas que solo podían haber sido ideadas por un inquisidor, como irse a Tres Marías por Topilejo, con un ascenso Brutal, o ir y vovler a Cuernavaca el mismo día, o la temible vuelta a Tenango del aire, dónde en la bajada se podían alcanzar hasta 80 km por hora con el gran reto de tomar a esa velocidad una curva de casi 90 grados a la izquierda, en la cuál alguna vez nuestro Pepino Moretoni, nombrado aquí antes como Pepe, ganara su mote al aventarse un triple mortal al frente con todo y bicicleta al voladero. Fuera de algunos moretones y rasguños así como del gran impacto emocional para él y para mí, que lo vi desde atrás sostener ingrávido el manillar de su bicicleta en su camino rumbo al vacío con los pies a dos metros sobre mi cabeza, afortunadamente no pasó nada. No me pregunten como es que salió ileso, por que no atestigüé el aterrizaje. Eso sí, la horquilla de la bicicleta se deformó, así que el regreso a casa fué todo un calvario.

El ritual comenzaba realmente desde la noche del sábado, en que, a manera de velación de armas, Moretoni y yo nos reuníamos para limpiar las bicicletas rayo por rayo y hacer todos los ajustes mecánicos necesarios para alcanzar nuestro mejor rendimiento. Ajustábamos chicotes y cambios, engrasábamos los baleros y nivelábamos los rines. De fondo musical teníamos el programa de radio “El jazz, música de nuestro tiempo” transmitido en la estación opus 94, donde por ejemplo, por primera vez escuché al rey del cool Miles Davis. A esa hora también transmitían semanalmente un programa llamado “gato macho” que eran entrevistas al pintor José Luis Cuevas hechas por Carime Lara, mujer de voz aterciopelada. Durante la entrevista, el maestro Cuevas contaba de su vida, inspiración, y sus relaciones con las mujeres, sobre todo de su paso por Paris, cosa que a mí me servía para forjar varias estampas de la vieja Europa. y anhelarlas.

Esas mañanas domingueras eran sin duda también muy coloridas para los transeutes de Coyoacán, quienes al encontrarnos hablando acaloradamente, veían en nosotros a seres espaciales que portaban cascos aerodinámicos, lentes de realidad virtual, y estaban ataviados con ropa ajustada de colores mallativos… perdón, quise decir llamativos. Nuestra forma de caminar también llamaba la atención; las placas de enganche a los pedales que llevábamos en la suela de los zapatos, hacian que todo el peso lo tuviéramos que apoyar sobre los talones. La mejor forma de describir nuestro andar, la escuché venir de una señora que, no sin dejo de respeto hacia nosotros, decía:”Mira hijo, esos muchachos caminan como pollos espinados”. Era también muy traicionera esa forma inusual de caminar. Por ejemplo, durante una pausa para rellenar las ánforas, caminábamos frente a un comercio para retomar las bicicletas. Nos sabíamos además observados por un grupo de damas jóvenes. Con plena conciencia de que nuestros atuendos multicolores y nuestra piel tostada por el sol las hipnotizaba, avanzaba yo con seguridad fingiendo no advertir su presencia procurando pues extraviar la mirada en el horizonte. Lo que en realidad no advertí fué que había agua derramada sobre el suelo. Así repentinamente sobre el horizonte pude reconocer mis pies calzados en esos desgraciados zapatos de ciclismo. El dolor del aterrizaje fué mayúsculo, pero despreciable comparado al del orgullo lacerado por las risas de las jóvenes damas.

La inspiración la tomábamos de las hazañas de los grandes ciclistas de entonces, que llegaban hasta nosotros a través de revistas españolas, ya que no había mucha cobertura del ciclismo europeo en México. Muy por encima de todos estaba Miguel Induraín quién dominaba el mundo del ciclismo en el equipo Banesto, le seguían corredores que teníamos en alta estima como Gianni Bugno y Laurent Fignon, por haber rodado algún domingo junto con ellos. En ese entonces Bugno era campeón mundial y ostentaba el suéter arcoiris. Así como siempre recordaremos a Induraín vestido de amarillo en el Tour de France, a Claudio Ciapucci lo visualizamos enfundado en el jersey moteado de lider de montaña, y a Mario Cipollini con el verde de combatividad. A todos ellos los seguimos muy de cerca en varias etapas. Los sentíamos como si fueran de nosotros. Conocíamos su rictus de dolor en las contrareloj individual o en el mítico ascenso a través de las 21 curvas de la muerte hacia el puerto de primera categoría Alpe d’Huez siguiendo a los fantasmas de Eddie MErckx “el caníbal” o Fausto Coppi “il campionissimo” mientras los espectadores gritaban sus nombres y corrían a su lado para motivarlos. Así pues era nuestro sueño presenciar una etapa de le tour.

En el café conocimos a Memo aka Lucas, quién recibió su mote por usar zapatillas de la marca Look, quién a la postre se nos unió y continuó con la tradición de “el cafecito” con un gran número de nuevos integrantes cuando el núcleo original ya se había dispersado. De todos los innumerables cicleros que conocí ahí, recuerdo especialmente a Paulina, una de las pocas mujeres que salía a rodar con nosotros y era sobrina del escritor mexicano Ricardo Garibay. La útima vez que la vi fue en el pozole que me hizo mi familia antes de venir a Alemania. Mientras vivía en Stuttgart recibí una postal de ella desde el lago Tahoe, que me alegró una mañana. Poco después Memo me escribió para avisarme que Paulina había perdido la vida al haber sido arrollada por un auto mientras entrenaba con la bicicleta. Lamentablemente en México el ciclismo es una actividad de alto riesgo, principalmente por la falta de precaución de los automovilistas. Tras seis años de su deceso seguimos recordando a Paulina con cariño. Me quito el sombrero pues para rendirle pequeño tributo.

Después del café participar en “el premio de montaña” era el amén en la ceremonia de los cicleros, aunque no era precisamente un ascenso prolongado a la montaña, si no mas bien un corto sprint en ascenso al puente de Tlalpan y División del Norte. En esa prueba Moretoni era imbatible. Rubencio y yo estuvimos cerca de doblegarlo, pero siempre en el último instante sacaba fuerzas explosivas no se de dónde y aceleraba para pasarnos en el último palmo de terreno. Desde entonces ese puente lleva el nombre de Pepino Moretoni.

Así eran mis domingos de ciclero. Ahora me conformaré con encontrar en Coyoacán a mis amigos para tomar un café y recordar esos tiempos en que devorábamos kilómetros.

Luiggi Lasagna.

P:D: Pido disculpa a todos los cicleros de hueso colorado, por no haber utilizado ni una sola mala palabra para escribir éstas líneas. Tampoco encontrarán por más que le busquen ni una expresión de doble sentido. No es que quiera traicionar mi vena de ciclero. Digamos que no solamente he perdido la condición sobre la bicicleta…..

…aunque para ser honesto, creo que no lo he olvidado. Es como andar en bicicleta.

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Entre las líneas imaginarias del diamante

Posted by sudranoel on 21st May 2006

Cuando estudiaba la preparatoria, hace ya varios años, los jóvenes de aquél entonces no teníamos el acceso a la información que se tiene ahora, sobre todo a través de internet. Hoy en día me sorprende leer bitácoras de chavitos de 18 o 19 años muy bien informados, muy precisos al escribir, y sobre todo con una visión crítica de las cosas. De verdad que a veces hasta me intimida. Mi generación, por el contrario, no estaba habituada ni a leer los medios impresos existentes, ni mucho menos a escribir. Viéndo éstos sucesos en retrospectiva puedo afirmar que los medios electrónicos han venido a rescatar el género epistolar, sobre todo a través de los correos electrónicos. Me pregunto ¿qué hacíamos entonces? si no teníamos internet, ni tampoco nos ocupábamos sobre los temas de actualidad, ni leíamos libros, y la mayoría no éramos muy chipocludos en la escuela, ¿en qué carambas invertíamos nuestro tiempo?

A ciencia cierta no lo sé. Lo que recuerdo es que hacíamos mucho deporte. Si lo comparamos a la manera en que los jóvenes practican deporte en Alemania, era muy informal. Sin pertenecer a liga, club o asociación, nos reuníamos varios camaradas para sostener épicos encuentros de beisbol y tochitos (fútbol americano). Luego también jugábamos básquetbol, ping-pong, fútbol y muchas otras cosas. Siempre lo hacíamos al aire libre por lo que no requeríamos de sofisticadas instalaciones deportivas. Es un ejemplo claro de como el clima, sobre todo en los paises fríos como Alemania, determina el nivel de organización de las personas. En éste caso con objeto de practicar deporte.

Seguramente Toño y Héctor recordarán también aquella “serie mundial” que pactamos y jugamos en 1987, inspirador por la serie entre los Medias Rojas de Boston y los Mets de Nueva York. Toño se hizo cargo de armar su equipo. Héctor y yo hicimos lo propio con el nuestro. Además nos encargamos de buscar un campo, y trazar sobre él el diamante con líneas blancas de cal. Desde luego tuvimos que diseñar y construir nuestras herramientas con palos, cordeles y latas perforadas para conseguirlo. Nuestra consigna era hacerlo de las medidas reglamentarias, sobre todo haciendo gala de nuestra capacidad de agrimensura y ejecución, trazándolo derecho y uniforme como si de una obra ingenieril se tratase.

Junto con Toño visitamos el campo un día antes del arranque de la serie para ver la versión final del diamante. Toño nos dijo: “Bueno, no ésta tan mal. Si consideramos que lo que cuenta es la línea recta imaginaria que atraviesa la linea irregular y ondulada que está pintada sobre el campo. Podemos jugar aquí. ¡Nada mas por favor no vayan a ser ingenieros!”. Lo dijo con toda la autoridad que le confería el gran arquitecto que llevaba dentro. Héctor no echó en saco roto ese consejo, y es ahora un exitoso abogado fiscalista. Y yo…. bueno yo…ni soy arquitecto, ni soy abogado…. digamos que también hice caso del consejo; ¡desistí de ser ingeniero civil!

Acordamos con Toño jugar con catcher. Nos las tuvimos que ingeniar para conseguir el equipo: careta, peto, y espinilleras. Lo único que nos faltó fué la mascota (es decir el guante), por que comprar uno estaba fuera de nuestro alcance. La idea era compartir el equipo de catcher entre los dos bandos. Por parte de mi novena, quién se enfundó en dicha armadura y agazapó detrás de la almohadilla de home, fué Héctor, aunque el hubiese preferido jugar el short stop. Por favor no me pregunten quién lo engatusó para que fuera el catcher. Por alguna razón se convenció de que en realidad el catcher es el estratega del equipo. Su deber es conocer las debilidades de los bateadores rivales, para poder pedir los lanzamientos adecaudos al pitcher. Además debe estar muy atento para evitar los robos de base, y tener mucha fuerza y precisión en el brazo para lanzar desde home a segunda base.

Todos esas habilidades fueron practicadas con esmero por Héctor. Al principio no quería entrenar (el quería ser short stop), pero alguién lo convenció de hacerlo. En mi opinión, lo que mejor que llegó a dominar, fué el arte de erguirse de la incómoda posición propia de un catcher cuál resorte y botar la careta al suelo con decisión y galantería para fildear un foul. Si no atrapaba la pelota no importaba. Lo importante era esa seguridad masculina al arrojar la careta para impresionar a las damisela del público. Eso era lo que pensábamos, pero como no había damiselas en el público (bueno acepto que ni siquiera había público) ese ademán era mas valioso aún; nos daría no solo la motivación si no también la filosofía del juego. Era como el proverbio zen aquél: Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para escucharlo ¿hace ruido?

En ese trance meditativo saltamos al diamante para batirnos al límite. Hubo de todo: robos de base, ponches, home runs, barridas, toques de bola, double play, pisa y corre…creo que hasta un balk le marcaron al lanzador de mi equipo. A final de cuentas, Héctor no sólo botó la careta, si no también el peto junto con los otros aditamentos y se fué a jugar a las paradas cortas, su posición natural, dónde hizo varias jugadas importantes. El inusual relevo de receptor (generalmente los lanzadores son relevados, no los receptores) fué hecho magistralmente por Pepino. Ciertamente el peto y las espinilleras le ajustaban mejor. Su buen mascoteo controló varios wild pitches de nuestro lanzador, y sobre todo no dejaba caer a doña blanca, la de las 108 costuras, después de arrojar la careta con clase fildeando un foul.

Es indiscutible el talento beisbolístico de Toño, no obstante la jugada genial, la jugada maestra que marcó la diferencia en la serie, la hizó como manager: Para la posición detrás de home reclutó al enoooorme señor Mora. Él era el único, que jugaba en una liga de verdad, era catcher de verdad y ¡hasta tenía una mascota de verdad! Casi 20 años después, todavía sigue en discusión si fué cachirul o no, por ello la victoria no ha sido homologada.

En los juegos de beisbol es el pitcher quién gana o pierde los partidos. Parado en el centro del diamante tiene toda la atención sobre sí. Las cámaras de televisión hacen acercamientos a su rostro antes de cada lanzamiento. Es el héroe o el villano y sobre todo, los corazones de las mujeres laten por él.

Entonces ¿quién fué el pitcher de mi equipo? ¿quién cargó con la derrota? ¿por quién se supone deberían latir los corazones de las damiselas?

Por favor no me lo pregunten.

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Dos golpes de revés

Posted by sudranoel on 20th April 2006

En el tren rumbo a Hannover Skonja y yo nos sentamos frente a una chica de unos 14 años. Se encontraba justo en la flor de la vida, y me llamó la atención, por que llevaba en todo su atuendo, y hasta en la maleta, la marca Joola impresa. Se levantó por un momento y nos dejó encargada su maleta. Le dije entonces a Skonja que muy probablemente, a juzgar por su equipo Joola, jugaba tenis de mesa -eso sería interesante para nosotros, por que hace unos meses compré una mesa y jugamos frecuentemente- Skonja lanza una risa al aire y me dice “yo tengo una maleta de coca cola y no tomo coca cola”. Le doy la razón y sigo conversando con ella. La chica regresa. En nuestra conversación, sin querer menciono el tema de ping pong haciendo referencia a un compañero del trabajo con quién suelo jugar a menudo. Fué cuando la chica nos pregunta muy interesada: “¿ustedes juegan tenis de mesa?”.

revesSostuvimos con ella una muy amena conversación matutina. Se llamaba Konstanze y se dirigía a un torneo de tenis de mesa. Resulta que la angelita juega en la primera división de Alemania e intenta clasificarse para las próximas olimpiadas. Entre timidéz y orgullo mezclados, nos contó que entrena 6 veces a la semana 4 horas diarias, y que jugaba desde hace 7 años. ¡Lleva la mitad de su vida jugando!

En el mismo vagón iban unos jóvenes hasta el copete de borrachos. Sin decir mas, uno de ellos se sienta junto a Konstanze (y frente a mi). Llevaba una cerveza en la mano. El tipo andaba en plan de conquistador y nada le importó para sentarse junto a la chica y hablar con ella. Nosotros lo tomamos con mucha naturalidad. Konstanze le pregunta: “¿cuántas cervezas has tomado además de esa (señalando la que traía en la mano)?”. El tipo se queda pensando largo rato. Se voltea hacia la jóven lentamente y se encoge de hombros. Skonja luego le dice: “¡Te apuesto a que no has dormido en toda la noche”. El parrandero en cuestión la encara replicando: “¡Hablas como si fueses mi mamá!”. Lo miro directo a los ojos y le digo: “Lo que tú no sabes es que conocemos a tu mamá, y le vamos a contar que te encontramos”. Me queda mirando. Por un instante hace una mueca como antes de romper en llanto, pero rectifica; se levanta del asiento y declara indignado (con voz de borracho): “Me voy. No me siento agusto entre ustedes”. Los tres que nos quedamos reimos hasta poco antes de llegar a nuestro destino.

Al despedirnos, saqué apresuradamente una hoja de papel de mi billetera, y probé que el bolígrafo que llevaba conmigo escribiera. Iba a extender ambos hacia Konstanze cuando Skonja me mira muy seria, reprobando mi acción con un movimiento enérgico de cabeza. No obstante yo estaba resuelto a hacerlo. Skonja me miraba ya realmente molesta. ¿Cómo me podía atrever a pedirle su e-mail a esa inocente niña? pensaba, (Nota mental: Hace unos cuantos siglos los reyes contraían nupcias con jovencitas de 14 o 15 años. ¿En qué momento entonces se torció la histora?”).

Nada me detuvo para darle la hoja y el bolígrafo. Ella me mira desconcertada. No sabe qué hacer con ellos. “Danos por favor tu autógrafo. En unos años vas a ser de seguro famosa. Quiero tener tu primer autógrafo” le expliqué. Skonja exhaló aire tranquilizándose. Ella me lo dió muy sonriente y sonrojada. Le deseamos suerte y bajamos del tren.

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