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	<title>Tlapalería Brunsviga</title>
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	<description>Historias, ideas y reflexiones de todos colores</description>
	<pubDate>Mon, 01 Dec 2008 07:34:52 +0000</pubDate>
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		<title>Roland</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Nov 2008 23:21:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sudranoel</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[El vigía y guardián de la ciudad de Bremen con la mirada en un blanco meditativo me recibió cordialmente. Desde hace años lo había querido visitar, siendo hasta este verano que me presenté ante él para reverenciarlo. Decidí hacerlo mientras visitaba aquél otro Roland en Eschborn, justo a las afueras de Frankurt.
Roland es un gigante, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El vigía y guardián de la ciudad de Bremen con la mirada en un blanco meditativo me recibió cordialmente. Desde hace años lo había querido visitar, siendo hasta este verano que me presenté ante él para reverenciarlo. Decidí hacerlo mientras visitaba aquél otro Roland en Eschborn, justo a las afueras de Frankurt.</p>
<p>Roland es un gigante, pero ni rígido ni mucho menos de piedra, aunque me llevó tiempo el reconocerlo. La primera vez que nos vimos a los ojos me fulminó con una mirada de roca incandescente por interrumpir con mis incontrolables tosidos una clase de &#8220;opto electrónica&#8221;, en la cuál sólo estábamos media docena de estudiantes. &#8220;Eso me pasa por venir a clase con un resfriado&#8221; me llegué a reprochar.</p>
<p><a href="http://www.tlapaleriabrunsviga.al-aire.net/wp-content/uploads/2008/11/p1010016.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-110" title="Roland en Bremen" src="http://www.tlapaleriabrunsviga.al-aire.net/wp-content/uploads/2008/11/p1010016-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a></p>
<p>Mas adelante en ese semestre, esta vez en &#8220;teoría de semiconductores&#8221;, otra clase con baja audiencia pero altamente interesante, vistamos juntos el laboratorio de semiconductores de la Universidad. Al salir de la cámara limpia y quitarnos los trajes especiales, cruzamos palabra por primera vez, y acordamos ir a almorzar juntos.</p>
<p>En esa conversación nos dimos cuenta que no sólo compartíamos el interés por las materias exóticas, si no también otras tantas cosas como el jazz y el deporte, particularmente el ciclismo. Así empezamos a ir a conciertos de jazz juntos, luego comenzamos a salir a hacer recorridos en bicicleta, pero lo que nos unió definitivamente, fue cuando se inscribió a un curso de español.</p>
<p>De pronto le llegó el momento de hacer prácticas en el extranjero, y me pidió que le ayudara a encontrar un puesto en México. Lamentablemente en ese periodo, mi red de contactos no funcioné muy bien, y me fue imposible encontrar algo. No obstante, Roland, que estaba convencido de pasar un tiempo en un país de habla española, ya tenía el &#8220;plan B&#8221; en marcha. Había sido aceptado en un empresa en Chile.</p>
<p>Así se fue a Valdivia un día como estudiante. Después de un tiempo llegó incluso a ser profesor en la Universidad. Tras varios años bajo la cruz del sur, ha vuelto a Alemania, pero ya casado, y con dos hijos. Quiero pensar que tuvo nostalgia por que alguien tosía en sus clases.</p>
<p>Esa es la historia del gigante Roland.</p>
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		<title>En un mercado medieval</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Sep 2008 07:31:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sudranoel</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Que las noches  sean ya mas largas que los días dan testimonio que el verano nos dejó. He aquí pues una de sus coloridas estampas:
Una tarde de verano en un mercado medieval. La brisa anuncia lluvia. Nos refugiamos en un moka con cardamomo al puro estilo árabe al pie del palacete de Brunswick. La [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Que las noches  sean ya mas largas que los días dan testimonio que el verano nos dejó. He aquí pues una de sus coloridas estampas:</p>
<p>Una tarde de verano en un mercado medieval. La brisa anuncia lluvia. Nos refugiamos en un moka con cardamomo al puro estilo árabe al pie del palacete de Brunswick. La misma brisa trae hasta nuestro lado a unos músicos quienes tocan las cántigas de Santa María dispersas entre otras trovas medievales, animan no sólo a quienes simpre hemos apreciado aquellas, si no a todo el público en general: gente mayor, niños &#8230;&#8230;y ¡chicas tecno! </p>
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		<title>De como Alioth conoce a Nihao</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Jul 2008 10:40:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sudranoel</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias]]></category>

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		<description><![CDATA[“¿Debo ir?” Me preguntaba incesantemente. La inmovilidad de mi madre a causa de la artritis, el reciente deceso de su hermana Celia y la ruptura con mi entonces novia me reprimían para concretar el sueño de “ir a la tierra del poeta”.
Siendo un niño de 10 años, descubrí entre los discos de mi padre una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“¿Debo ir?” Me preguntaba incesantemente. La inmovilidad de mi madre a causa de la artritis, el reciente deceso de su hermana Celia y la ruptura con mi entonces novia me reprimían para concretar el sueño de “ir a la tierra del poeta”.</p>
<p>Siendo un niño de 10 años, descubrí entre los discos de mi padre una grabación de la novena sinfonía de Beethoven. Antes siquiera de escuchar la música y rendirme subyugado de por vida, mi primer contacto con la cultura alemana fue el texto de la “Oda a la Alegría”. Ese lenguaje críptico me fascinó. Intuía un deleite estético ahí cifrado, por ello decidí firmemente aprender ese idioma.</p>
<p>Unos 15 años después a través de mi tía Celia dí con el Instituto Goethe en la ciudad de México.  Durante esos años desde mi primer encuentro con Schilller había hallado personajes alemanes sobresalientes en prácticamente todas las áreas del quehacer humano. “¿Por qué razón hay tantas personalidades en Alemania?, debe haber algo especial allá” pensaba e imaginaba un coro de poetas, matemáticos, físicos, músicos, filósofos y pintores invitándome a pasar un tiempo en Alemania para averiguarlo.</p>
<p>Cinco años trabajé para financiarme un posgrado en Alemania, al tiempo que aprendía el idioma, empero llegado el momento decisivo dudaba efectuar el viaje debido a la funesta situación personal. </p>
<p>Solía conversar con Jürgen, alemán radicado en México que anteriormente lo hiciera en China. Sabiendo que muchos compañeros del posgrado provendrían de aquél lejano país, le pedí me enseñara algunas palabras en mandarín. “Una palabra basta”,  dijo levantando su mano en gesto de saludo y de sus labios brotó “Ni-hao”.</p>
<p>En el curso de alemán, Miguel expondría la historia del milenario I-ching, empleando la edición traducida por Richard Wilhelm. Al finalizar invitaría al auditorio a consultar al oráculo. No desaproveché esa oportunidad para plantear mi gran interrogante dejando caer tres monedas perforadas sobre la mesa. De los hexagramas  emergió una contundente respuesta: “Es propicio brincar sobre las grandes aguas.”</p>
<p>Seguí el consejo. Aquella mañana en Stuttgart encontré el periódico en mi buzón si estar suscrito. Lo tomé sorprendido. Un artículo refería un portal de contactos personales en internet al cuál me afilié con el pretexto de practicar alemán. Días más tarde flotó en el monitor ante mis ojos el seudónimo de una mujer: Ni-hao. </p>
<p>Esas casualidades cerraron la distancia que me separaba de la mujer de mi vida.</p>
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		<title>Una reunión genial</title>
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		<pubDate>Sun, 25 May 2008 19:01:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sudranoel</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias]]></category>

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		<description><![CDATA[La dos de la tarde de un jueves soleado. Es la hora de la reunión del equipo de diseño. Llego puntual a la sala de juntas “Gauss” que está desierta prácticamente. Tan sólo un puñado de sillas están ocupadas. Franz, de pié frente al atril y con la presentación ya lista, bromea con los presentes. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La dos de la tarde de un jueves soleado. Es la hora de la reunión del equipo de diseño. Llego puntual a la sala de juntas “<a href="http://www.tlapaleriabrunsviga.al-aire.net/2006/03/27/gauss-en-la-tlapaleria/">Gauss</a>” que está desierta prácticamente. Tan sólo un puñado de sillas están ocupadas. Franz, de pié frente al atril y con la presentación ya lista, bromea con los presentes. </p>
<p>Tomo mi lugar junto a la ventana a través de la cuál observo el cielo azul intenso impregnado por un sol radiante.  Pasa por mi mente un viejo recuerdo; Al llegar a Alemania hace 8 años, durante los primeros días soleados de la temporada, me sorprendía que todas las personas querían tomar café en las terrazas, o andar en bicicleta, o simplemente tenderse al sol sobre el césped. Alguien me preguntó alguna vez mientras me quedaba solo en la sala de computadoras: “El sol brilla, ¿por qué no sales a disfrutarlo?”.  Yo no veía nada de especial en ello. “Ese es justamente el trabajo del sol y la cosa mas normal del mundo” pensaba. Tuve que pasar el primer invierno para descubrir mi gran error. “Ni hablar”, me digo “tenemos que pasar la siguiente hora de nuestras vidas en esta aula hablando del status de nuestro proyecto”.</p>
<p>A las dos con cinco minutos nadie mas ha llegado. Es algo inusual. Franz pergunta: “¿Dónde están los demás?” . Alguien responde: “Tal vez en Okercabana comiendo un helado”. <a href="http://okercabana.de/galerie">Okercabana</a> es  la playa artificial al lado del Oker, ubicada en el parque de la ciudad, a unos pasos de nuestras oficinas. Al pronunciarse en alemán, se escucha algo así como “Okacabana”, aludiendo a la  plaza de Río, Copacabana. Bien pudo haberse llamado “Okapulco”.<br />
Franz voltea a ver el primer folio de su presentación y dice: “Bueno, vamos a cancelar la reunión. ¡Los invito un helado!”.  </p>
<p>Nadie contradijo al jefe. Cruzamos el parque en caravana. Quién nos haya visto pudo haber pensado que se trataba de un equipo de baloncesto, con cuatros integrantes por encima de los 2 metros. Ya en el paraíso por un camino de madera llegamos a pedir nuestros helados, para luego hundir los pies en la blanca arena y finalmente tendernos en los camastros. Por alguna misteriosa razón estaban todos los miembros del equipo, ahí sí. La escena era genial por reunir a todos esos sesudos ingenieros de diseño, verlos relajarse y refrescarse con la brisa del Oker y las notas de acid jazz. Durante esa hora al sol sobre la arena blanca no se contaminó el aire puro con palabras sobre el trabajo. Solamente chistes, bromas y anécdotas animaban la conversación. Faltó poco para que ordenáramos la primera cerveza después del helado. Así pues, esa tentación hizo que el regreso al trabajo, ya de por sí difícil, fuera una labor de titanes. Pero con todo profesionalismo, a las tres de la tarde todos estábamos de regreso en nuestros lugares, cumpliendo así la proeza.</p>
<p><img src="http://okercabana.de/galerieBilder/Panorama.jpg" alt="Okercabana" /></p>
<p>Pero habría revancha. Una vez terminada la jornada laboral, dos colegas pasaron por mí para saldar esa afrenta con las espumosas.</p>
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		<title>Un instante</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Apr 2008 05:41:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sudranoel</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Para pensar]]></category>

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		<description><![CDATA[Es tiempo de escribir. Es el momento para dejar fluir la tinta y la vida juntas. A menudo uno se pierde en la inmensidad de la rutina, si bien la palabra rutina no tiene necesariamente una connotación negativa. Sea lo que sea, la rutina marcha incesante sobre la vida. La devora, y la empuja a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es tiempo de escribir. Es el momento para dejar fluir la tinta y la vida juntas. A menudo uno se pierde en la inmensidad de la rutina, si bien la palabra rutina no tiene necesariamente una connotación negativa. Sea lo que sea, la rutina marcha incesante sobre la vida. La devora, y la empuja a continuar aunque no se hayan degustado todos los sabores del instante.  Es una avalancha que arrasa todo a su paso.  Si por un milagro uno logra escapar por un momento de ella y tan sólo logra contemplar la vida, el tiempo se congela y se funde en un instante de eternidad. Es el momento para paladear sus matices. El momento de escribir.</p>
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		<title>Cultivo una rosa blanca</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Nov 2007 22:45:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sudranoel</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Añoranzas]]></category>

		<category><![CDATA[Historias]]></category>

		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

		<category><![CDATA[Para pensar]]></category>

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		<description><![CDATA[Una trade de domingo en la bañera.  Tengo en mis manos un ejemplar de “El arte de la fuga” de Sergio Pitol, y lo degusto junto con un Bordeaux Haut Médoc. No hay mejor forma de separarse del mundo y de reponerse de la intensa semana. La escena que protagonizo ahora, con el libro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una trade de domingo en la bañera.  Tengo en mis manos un ejemplar de “El arte de la fuga” de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sergio_Pitol">Sergio Pitol</a>, y lo degusto junto con un <em>Bordeaux Haut Médoc.</em> No hay mejor forma de separarse del mundo y de reponerse de la intensa semana. La escena que protagonizo ahora, con el libro y la copa de vino al lado, la había tenido ya hace un par de semanas en una librería, cuando el título de la obra de Pitol, más que saltar ante mis ojos, sedujo desde el anaquél mis oídos al recrear cánones y fugas de la obra homónima de Bach. Skonja reconoció de inmediato el gran aprecio que ya le había tomado,  mientras lo hojeaba, y me lo obsequió el día de mi cumpleaños, junto con otro de Paul Auster <em>“Travels in the Scriptorium” </em>que me acompaña por lo pronto cuando voy al sauna.  Ha sido un acierto contundente.</p>
<p>A menudo suele ser más significativa la historia del un libro cómo objeto que la historia, o historias que relata. ¿Acaso no todas las historias de los libros podrían dar pié a nuevos volúmnes? Así mismo todas las botellas de vino contienen historias que se decantan en nuestras vidas,  y a su vez esas historias pedirán ser escritas, bebidas y degustadas. Esa escena en la bañera es pues el principio de un <em>perpetuum mobile</em>.</p>
<p>Leo y bebo despacio. Aspiro las historias e imágenes. Me siento inmerso en la trama, que no es otra cosa que la historia de su vida. Me identifico con su alma peregrina, la necesidad fisiológica de viajar, descubrir, vivir y el fuerte anhelo por devorar el mundo, pero también el imperativo de sentarse a contemplarlo y escribir por dar testimonio a la eterna mutación de la vida. El arsenal cultural que despliega me remite repetidamente a librerías para proveerme de Joyce, Conrad, James, o a  libros ya leídos. Todas esas voces armonizan en<em> punctum contra punctum</em>. Redescubro personajes que creía conocer desde hace tiempo, cómo a Thomas Mann, Borges o Cortázar. Antes de que el narrador llegue a hacer referencia y tributo a sus maestros, una voz dentro de mí ya me preguntaba desde cuándo estoy familiarizado con los personajes y las obras citadas. En el momento en que la palabra “maestro” aparece sobre el papel, emerge del agua la respuesta a mi voz interior: los conozco gracias a mi maestro Rodrigo Giles.</p>
<p>El profesor Giles me dió clases de español, que eran cursos de literatura española y latinoamericana, en la escuela secundaria. Era el profesor titular de nuestro grupo, tercero “B”. Su espeso bigote caído y afilado en las puntas, le daba un cierto aire a Günther Grass, aunque de figura más esbelta. Entraba en las mañanas con su andar parsimonioso a nuestro salón. Sin decir nada tomaba una caja de gises de colores y dibujaba en el pizarrón letras diversas, rostros de personajes y objetos por 10 o 15 minutos. Esa obra en la que invertía gran empeño, pero sobre todo corazón, era un retrato, una alusión, o el título mismo  del tema de la clase. Al terminar la obra, rompía él su silencio y empezaba a darnos santo y seña de los personajes. Su obra, que era una especie de mandala, no sólo por el silencio meditativo con que era ejecutada, si no por que a final de la clase tenía que ser borrada para ceder su lugar en el pizarrón al conocimiento abstracto, y por lo regular no tan colorido, de la trigonometría y otros menesteres. En ocasiones algunos maestros de las clases subsecuentes no se atrevían a cumplir la sentencia e indultaban la obra por el tiempo que duraría su clase. Así que cuando escucho los nombres de Miguel de Unamuno, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Benito Pérez Galdós, Leandro Fernández de Moratín, Pío Baroja o León Felipe, brotan frente a mis ojos los colores que los bañaban cuándo los ví escritos o retratados en el pizarrón por primera vez.</p>
<p>No estoy seguro si a través de él tuve el primer contacto con los escritores mexicanos como Carlos Fuentes, Juan Rulfo u Octavio Paz. Muy probablemente así fué, pero no los afiancé  en el subconsiente si no hasta un par de años más tarde en el curso de literatura mexicana impartido en la preparatoria por Laura Marta, otra maestra que recuerdo con gran aprecio. Al profesor Giles lo relaciono más con la literatura española, y latinoamericana (aunque tampoco recuerdo haber escuchado de él los nombres de Borges o  Cortázar). Nos presentaba con gran soltura el siglo de oro español, la generación del 98 o la de el 27.  A propósito de ésta última, recuerdo que narraba con gran solemnidad el haber leído un poema durante las exequias del poeta español León Felipe en la ciudad de México. Nunca olvidaré esa voz entrecortada por la tristeza y el orgullo.</p>
<p>Era sin duda una persona muy creativa. Para el día de muertos solía hacer adaptaciones a los versos del Don Juan Tenorio, con los sucesos escolares cotidianos, haciendo ver en una humorística vestimenta de gala, las situaciones mas banales. El climax de ese celebración era sin lugar a dudas<em> las calaveras</em>, esos pícaros versos mexicanos humorísticos, que desacatan la autoridad escatológica de la muerte, personificándola y haciéndola partícipe en historias dónde hasta incluso puede resultar embaucada por el vivaz aquél a quién <em>la clavera</em> le ha sido dedicada. Esos versos eran escritos para los otros profesores con gran agudeza y genialidad. Al ser leídos maestros, alumnos y directores nos desternillábamos de risa.</p>
<p>La primera rima que aprendí con él, sin ser alusión literaria alguna, tenía un principio chusco y un resabio moralizante. Por suerte (sólo) recuerdo la primera estrofa:</p>
<p><em>Clemente le dijo a Alejo:<br />
camarada, para reir te aconsejo<br />
que al sombrero de aquél viejo<br />
le tires una pedrada</em></p>
<p> Ese fué el punto de partida para leer y memorizar varios poemas. Algunos los recitaríamos individualmente, y con otros haríamos lo propio en grupo. Bajo éste último rubro, ensayamos y presentamos a dos voces si no mal recuerdo (hombres y mujeres) el poemá <a href="http://home.wlu.edu/~barnettj/lit295/guillen.htm">Sensemayá</a> de Nicolás Guillén. De inmediato le tomé enorme apreció al poema por dos razones: lo vinculé con la pieza homónima de Silvestre Revueltas, y a su vez, la poesía coral en sí, me pareció la versión poética del muralismo pictórico, por su magnificencia, sus escalas titánicas y su esplendor. </p>
<p>Sin duda el poema que más relaciono con el profesor Giles, y que me ha acompañado por diversas etapas de la vida es “Cultivo una rosa blanca” de José Martí. un verdadero himno de hermandad, que bien pudiera ser un mantra budista. Me permito citarlo:</p>
<p><em>Cultivo una rosa blanca,<br />
en junio como en enero,<br />
para el amigo sincero<br />
que me da su mano franca.</p>
<p>Y para el cruel que me arranca<br />
el corazón con que vivo,<br />
cardo ni ortiga cultivo;<br />
cultivo una rosa blanca.</em></p>
<p>El profesor Giles fué quién en alguna ocasión me bautizó como “el monje”, no sólo por mis votos de celibato de aquél entonces (que decir que yo no era el único), si no, y mas bien, por ser muy callado en sus clases. Viéndolo en retrospectiva, era debido a qué encontraba muy interesantes los temas, y su forma de presentarlos. Sin llegar a ser sobresaliente en sus cursos ni mucho menos, siempre hacía mis deberes con entusiasmo, aunque en ese entonces no leía tanto, como se esperaba de nosotros. Si bien no cubrí todas las lecturas obligatorias durante aquél periodo escolar, las completé por gusto y voluntad propia en las vacaciones, y no han dejado de darme pautas para explorar los mares literarios. Son como muelles donde poder atracar para reabastecerse y luego volver a zarpar con otros derroteros.</p>
<p>Un buen día el profesor Giles y yo rompimos lanzas, a causa de una personificación de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Benito_Ju&aacute;rez">Benito Juárez</a>, que él me había encomendado para conmemorar su natalicio el 21 de Marzo (tema en contrapunto: Bach nació también el mismo día), a lo que me negué rotundamente. Primero; no me preguntó si quería, y segundo; alguién me metío en la cabeza que de hacerlo, ciertos compañeros se burlarían de mi por el resto de la eternidad.  Algo había de cierto, ya que no me había seleccionado por mi <em>engagement </em>político, si no por mi tez morena, y al ser el único en el grupo con ese color de tez, parecía que no tuviese elección.  Pero ¿por qué razón aquellos mequetrefes harían mofa de mí? En ese momento me percaté por primera vez del racismo al indígena que existe en México, especialmente dentro de una escuela particular. Así pues mis principios de rebeldía adolescentes me dictaron oponerme a ello. Por un momento fuí amenazado con medidas disciplinarias extremas, como ser reprobado en el curso, pero cuál humanista cabal que es, después de unos días de tensión rectificó la injusticia y acepto mi decisión, dado que borrar el racismo de un plumazo no era posible. Pocas veces aprendiz y lector aprenden una lección de la vida simultáneamente. Al hacerlo el segundo deja de ser sólo un modelo y muestra al primero su lado humano. Una razón para apreciarlo más. </p>
<p>Lo más valioso es que mostró ser congruente con su enseñanza de cultivar una rosa blanca.</p>
<p>Hará unos diez años lo encontré por casualidad en la calle. Me reconoció de inmediato, aunque dudo que recordara mi nombre. Conversamos e intercambiamos teléfonos. Desde entonces no lo he vuelto a ver.</p>
<p>Sus clases me hicieron ver la policromía del mundo y despertaron en mí el anhelo de conocerlo. Así un buen día hubo que soltar amarras para llegar  hasta esta bañera. </p>
<p>Un caluroso saludo lleno de gratitud al profesor Giles dónde sea que se encuentre.</p>
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		<title>Ritual de luz</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Oct 2007 18:42:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sudranoel</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Añoranzas]]></category>

		<category><![CDATA[Historias]]></category>

		<category><![CDATA[Personajes]]></category>

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		<description><![CDATA[Hier ist die deutsche Version.
Una reunión secreta. Una fiesta. Un ritual de luz.
Cuatro alquimistas son congregados. Cada uno ha recibido una contraseña que tendrán que usar para acceder al recinto. Están escritas en un lenguaje extraño. Comenzarán el ritual adorando al conejo en la luna (usagi tsuki no) y procederán a ensamblar las 4 contraseñas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.tlapaleriabrunsviga.al-aire.net/federstil-und-tintenfas/lichts-ritual/">Hier ist die deutsche Version</a>.</p>
<p>Una reunión secreta. Una fiesta. Un ritual de luz.</p>
<p>Cuatro alquimistas son congregados. Cada uno ha recibido una contraseña que tendrán que usar para acceder al recinto. Están escritas en un lenguaje extraño. Comenzarán el ritual adorando al conejo en la luna (usagi tsuki no) y procederán a ensamblar las 4 contraseñas para formar <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ecuaciones_de_Maxwell">el sortilegio del gran brujo Maxwell</a>. Al hacerlo, se producirá una chispa refulgente iluminando la noche.</p>
<p>Tras conjurar a la luz como aliada, los alquimistas siguen con la ingestión de brebajes, la bacanal, la orgía y la catársis que mantienen la celebración levitando hasta en el último recoveco de la noche antes que el primer rayo de luz del amanecer disolviese el conciliábulo mágicamente. En ese momento se conviertió justo en lo que es ahora;  tan sólo un recuerdo ingrávido.</p>
<p>En la víspera de conmemorar el día en que ví la luz por primera vez, encuentro ésta pieza arqueológica y me pregunto ¿no es acaso toda fiesta de cumpleaños un ritual de luz?</p>
<p><script type="text/javascript" src="https://media.dreamhost.com/ufo.js"></script></p>
<p id="Es_wurde_licht_480x360.flv"><a href="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer">Get the Flash Player</a> to see this player.</p>
<p><script type="text/javascript">
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UFO.create(FO,"Es_wurde_licht_480x360.flv");
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		<title>Emulación de procesadores del futuro</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Sep 2007 21:12:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sudranoel</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[breves]]></category>

		<category><![CDATA[tecnología]]></category>

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		<description><![CDATA[La semana pasada se presentó a la prensa y al público en general  finalmente el emulador Tera-Scale en el que estamos trabajando en el IDF  (Intel Developer Forum) en San Francisco,
Pero ¿qué es un emulador? A diferencia de un simulador, un emulador suplanta un objecto determinado. Por ejemplo, un emulador de una cafetera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La semana pasada se presentó a la prensa y al público en general  finalmente <a href="http://www.tlapaleriabrunsviga.al-aire.net/2007/06/20/una-gota-antes-del-desbordamiento/">el emulador <em>Tera-Scale </em>en el que estamos trabajando</a> en el <a href="http://www.intel.com/idf/us/fall2007/index.htm">IDF</a>  (Intel Developer Forum) en San Francisco,</p>
<p>Pero ¿qué es un emulador? A diferencia de un <em>simulador</em>, un emulador suplanta un objecto determinado. Por ejemplo, un emulador de una cafetera sería una máquina con una aparencia totalmente distinta, pero que fuera capaz de preparar café. Así pues, un emulador de un microprocesador <em>many-core</em> es el armatoste que se ve en el video. Como Franz (mi jefe) explica en el mismo, en esa configuración el sistema emula un chip con 8 núcleos (microprocesadores IA32), utilizando lógica programable (FPGAs) sobre el cuál se ejecuta linux SMP (Symetric Multi Processors). </p>
<p>Los dejo con el PE (Principal Engineer) Franz Olbrich.</p>
<p><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/XWV_DkA3po0"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/XWV_DkA3po0" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object></p>
<p>Si por alguna razón no se puede ver el video arriba de ésta línea, <a href="http://uk.youtube.com/watch?v=XWV_DkA3po0">esta es la liga para verlo en youtube</a>.</p>
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		<title>Grecia en imágenes</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Sep 2007 17:00:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sudranoel</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de pasar unos días en Grecia regreso muy repuesto. Antes de contar todo lo que hay por contar al respecto quiero presentar algunas de las imágenes del viaje como entremés.

Para ver las demás imágenes, hacer click en la foto anterior o aquí. 
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Después de pasar unos días en Grecia regreso muy repuesto. Antes de contar todo lo que hay por contar al respecto quiero presentar algunas de las imágenes del viaje como entremés.</p>
<p><a title="Grecia 2007" href="http://www.flickr.com/gp/81989154@N00/48268q"><img src="http://farm2.static.flickr.com/1189/1296888718_ec498d5907.jpg" /></a></p>
<p><em>Para ver las demás imágenes, hacer click en la foto anterior o <a href="http://www.flickr.com/gp/81989154@N00/48268q">aquí. </a></em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Los cuatro forasteros</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jul 2007 15:01:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sudranoel</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias]]></category>

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		<description><![CDATA[En un lugar de Baviera de cuyo nombre no quiero acordarme, cuatro forasteros buscaban dónde saciar su hambre feroz, tras 8 horas de actividades deportivas, durante las cuales habían comido sólo bananas, barras energéticas y potajes semejantes. Fué así que llegaron a la única pizzeria del minúsculo pueblo dónde se llevaba a cabo la competencia. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En un lugar de Baviera de cuyo nombre no quiero acordarme, cuatro forasteros buscaban dónde saciar su hambre feroz, tras 8 horas de actividades deportivas, durante las cuales habían comido sólo bananas, barras energéticas y potajes semejantes. Fué así que llegaron a la única pizzeria del minúsculo pueblo dónde se llevaba a cabo la competencia. Al entrar se percatan desilusionados de que todas las mesas a la vista se encuentran ocupadas o reservedas. Sin darse por vencidos, antes de dejar el local preguntan a la camarera por alguna mesa disponible. Ella mira el reloj, y los conduce a una mesa al fondo para cuatro personas. Enciende la vela, y retira el letrero de &#8220;reservado&#8221; que ahí se posaba.</p>
<p>Los cuatro forasteros procedentes de las capitales de los cuatro continentes esperaban ansiosos las cartas del menú. Después de una espera de quince minutos las recibieron. Amir, el de Theran, de inmediato sugirió pedir las bebidas, una vez que habían visto el retraso. Lo secundaron Mike <em>el tres dedos </em>de Colonia, y Sudranoel de México, D.F. Solamente Khaled, el de Estocolmo (que por razones inescrutables fungía como capital de Tunez), decidió esperar para ordenar. Craso error. El camarero no apareció con las bebidas si no hasta 45 minutos después. Pidieron entonces cada uno sendas pizzas para saciar su apetito voraz. El camarero les dijo que la pizza tardaría de 20 a 30 minutos y se evaporó.</p>
<p>La espera fué larga. Mientras conjeturaban sobre las causas de la tardanza, al mismo tiempo buscaban algo comestible a su alrrededor. Tal vez la mesa tenga alguna parte suave, pensaban. Khaled sugirió probar con sal y pimienta. Mientras tanto <em>el tres dedos</em> interceptó al camarero siciliano para pedirle una canasta de pan de pizza para apaciguar el hambre.</p>
<p>Pasaron otros cuarenta minutos. Entonces el camarero supuestamente apenado, se acercó a la mesa olvidada onde los forasteros esperaban para decirles que la pizza tenía un retraso y tardaría por lo menos otros 20 minutos. Era claro un eufemismo para decir: &#8220;he olvidaado su pizza y ahora mismo la meteré al horno&#8221;.</p>
<p>Estaban  hambrientos pero de buen talante. Por ello no se levantaron de la mesa en ese momento. Seguían haciendo bromas y reviviendo las experiencias del día cuando repentinamente algo inesperado sucedió: Una hora y media después de su llegada, arribó a su mesa una canasta de pan de pizza, pero no de manos del camarero, si no de los vecinos de mesa que se compadecieron de aquellos miserables. Al principio los forasteros rechazaron la oferta tratando de mostrar un cierto nivel de urbanidad. No obstante, el vecino, seguramente intranquilo por los ojos de aquellos fijos en la comida, no tuvo que insistir mucho para que aceptaran la canasta. El hambre es canija. En ese instante terminaron las conversaciones y volaron migajas por doquier. Al cabo de unos minutos la canasta estaba vacía. Recibieron entonces otra dotación recopilada por los mismos vecinos.</p>
<p>Los otros vecinos comíen sus pizzas inquietos bajo la mirada filosa cual escalpelo de los forasteros. Soportoban estoicos los chistes y bromas de éstos, por saber que habían llegado después y recibido sus platillos antes. Cuando estaban a punto de cubrir sus platos con las manos dadas las amenazantes miradas, sucedió el milagro: El camarero llegó con las pizzas para los forasteros. Tras unos breves minutos de burbujeo, los platos vacíos emulaban los restos de un cervatillo saliendo a flote tras haber caído a un río infestado de pirañas.</p>
<p>Khaled y <em>el tres dedos</em> hablaban en italiano con el camarero. Tras las negociaciones recibieron una <em>grappa </em>y un <em>espresso</em> para los 4 forasteros por cuenta de la casa. Al final obtuvo el siciliano una generosa propina en forma de chistes y bromas, que tuvo a bien aceptar, ya que era conciente de merecer en realidad sólo gritos e insultos.</p>
<p>Los forasteros encontraron a unos de sus contrincantes en la mesa que anteriormente estaba ocupada por aquellos caritativos sexagenarios que les habían dado las dos canastas con pan de pizza. Los reconocieron de inmediato. ¡Eran aquellos que los habían acribillado 7-0 en fútbol quitándoles el invicto! Se saludaron a la usanza con el <em>servus</em> bávaro. <em>El tres dedos</em> les preguntó en tono amigable qué lugar habían obtenido hasta ese momento. Todos respondieron a coro con una sonrisa socarrona: &#8220;En último&#8221;. Agregaron: &#8220;El único juego que pudimos ganar fué en fútbol contra ustedes, pero como lo disfrutamos&#8221;. Esa sentencia habia sido el postre de los forasteros.</p>
<p>Historia relacionada: <a href="http://www.tlapaleriabrunsviga.al-aire.net/2007/07/10/iiquattroball-la-justa-y-el-jolgorio/">La justa y el Jolgorio</a>.</p>
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