Antes de proceder a leer el texto siguiente, se recomienda leer las dos primeras partes de la historia:

1.Contacto sobrenatural con Liza

2.El arqueólogo

Habíamos programado la siguiente sesión en mi casa para la semana siguiente. Tenía el tiempo a mi favor, dado que no habían pasado 24 horas desde la sesión en casa de Armando. Eso me dejaba prácticamente la semana integra para preparar la revancha.

El plan era tomarlos por sorpresa. Necesitaba cambiar la localización de los pasadizos secretos, o mejor aún, dejar los que ellos conocían en su sitio y agregar algunos nuevos para sorprenderlos en el laberinto. Para llevarlo a cabo tenía dos opciones: aplicar ingeniería inversa al ejecutable (desensamblarlo, modificarlo y volverlo a compilar) o construir uno nuevo a imagen y semejanza del primero. Dada la simplicidad de la aplicación, opté por la segunda opción.

Como no tenía un compilador de lenguaje C a la mano para poder compilar el nuevo programa y reducir su tamaño al orden de decenas de Kilo Bytes, tuve que utilizar un compilador de clipper, un lenguaje que en ese entonces era muy popular sobre todo para gestionar bases de datos, y que llegó a ser un lenguaje multi-propósito muy poderoso, pero como había sido construido en C, los ejecutables que generaba necesitaban incluir algunas librerías y eran por norma general un factor 3 veces mas grandes. El primer paso fue escribir un programa que hiciese exactamente lo mismo que el wizard original; los mismos mensajes al inicio, que requiriera el parámetro 666 para funcionar y sobre todo que tuviese el mismo truco para introducir la respuesta a la pregunta subsiguiente. La única forma de diferenciarlos era a través del tamaño; mi programa compilado en clipper era tres veces más grande que el original, pero aún así suficientemente pequeño para transportarlo en un disco flexible. Nadie lo notaría.

Una vez con el programa impostor en marcha, procedí a trastocarlo para que se enviaran todos los mensajes introducidos al puerto serial. Entonces con un cable serial como el que el Feño y yo nos habíamos confeccionado para jugar al Doom, alguien al otro extremo empleando un programa de telecomunicaciones como Telix, que en esos tiempos románticos se usaba para conectarse a los BBS, podría recibir todo lo que el médium teclea, incluso ver cuando usa el truco de introducir la respuesta. Más aún. Este segundo usuario, al que me referiré como meta-médium, podía teclear respuestas en cualquier momento, o incluso podía cambiar las respuestas introducidas por el médium, y mandarlas de regreso a la computadora dónde corría el wizard modificado.

Basta entonces de detalles técnicos. Con esas modificaciones prácticamente todo estaba listo para sacarle un buen susto a aquellos dos pícaros. Tan sólo me faltaba alguien que jugara el papel de meta-médium. No había mejor candidato que aquél mozalbete de mi primo Feño, que estaba muy familiarizado con las computadoras, las comunicaciones seriales y era mi honorable contrincante en los duelos a muerte de Doom. Después de explicarle como funcionaban las cosas, nos coludimos para que el día de la sesión él se quedara agazapado en mi dormitorio con la computadora portátil, y fuera el encargado de los efectos especiales.

Probamos la infraestructura varias veces. Teníamos unos días todavía antes de la sesión para tomar revancha. Mientras tanto hicimos varias pruebas y de inmediato encontramos un uso útil: sacarle a mi hermana todos los secretos de sus novios bajo la máscara de Liza. Desde luego no era con mala intención, si no tan sólo para validar el sistema que habíamos creado. No voy a contar aquí las cosas de las que nos enteramos.

El ansiado día de la sesión espiritista llegó. Al caer la noche el Feño estaba ya en su puesto tras bambalinas, haciendo parecer que el único habitante de la casa en ese momento era yo. La campana del timbre de la casa, que había alguna vez extirpado de un teléfono antiguo e instalado días antes como tal para poder escucharlo en la segunda planta, repicó de pronto con toda intensidad. Ahora era yo el que tenía el completo control de la situación, así que podía bajar, abrir la puerta y saludar con un suave e irresistible Bonsoir a Catherine y Josefine si así lo quisiese, pero no quería ser tan cruel con ellas o por lo menos no desde el principio.

Abrí la puerta y de lo primero que me percaté fue de la ausencia de las damas francesas. Desilusionado saludé a Armando, Tavo, Omar, y Edgar cuando entraban. Armando volvió a encender la luz de la esperanza al decirme que Catherine y Josefine llegarían mas tarde, por que habían tenido que arreglar algo en la escuela dónde aprendían español.

Armando y Tavo, quienes estaban ciertos que la vez anterior habíamos realmente contactado a un espíritu, se mostraban muy respetuosos de la oscuridad que reinaba en la casa, a diferencia de Edgar y Omar, a quienes la sesión iba dedicada y que se mostraban mas relajados y me daba la impresión de que hasta se mordían los labios para reprimir la risa, tal vez por que era exactamente lo que yo en ese momento hacía. ¡No sabían la que les esperaba!

Entramos al estudio dónde estaba ubicada la computadora de mi padre. La decoración estilo Luis XIV con libreros robustos de caoba, era el marco perfecto para la sesión. La gran ventana daba al jardín trasero. A causa del follaje de los árboles y de las plantas, a través de ella sólo se alcanzaba a percibir un tenue resplandor de la luna llena de aquella noche. La computadora estaba postrada en un moderno mueble modular que contrastaba con el resto del mobiliario. A nadie se le ocurrió revisar que la computadora no tuviera conexiones sospechosas. De haberlo hecho, se hubieran encontrado con un delgado cable, por el cuál fluirían datos a unos 14400 baudios hacia mi dormitorio, y que serían recibidos por la portátil que usamos para contactar a Liza en la primera sesión.

Arranqué la computadora mientras preguntaba a la audiencia si pensaban era posible volver a contactar a Liza. Antes que me respondieran hice un amague de escepticismo, mencionando que como usaríamos una nueva computadora, el truco -enfatizando la palabra turco- no funcionaría. Tavo y Armando se encogieron de hombros. Edgar se mostró un poco preocupado, como presintiendo que yo ya sabía algo, y se volteó hacia Omar, quién muy relajado respondió: “Creo que sí lo lograremos, el ambiente es muy adecuado”.

“¿Quién empieza?” pregunté. Omar nos señaló a Tavo, Armando y a mí. Los tres desfilamos ante el teclado, haciendo preguntas sin obtener respuesta. Era muy normal, sobre todo para Edgar y para Omar. Llegó entonces su turno y todos confiamos que las cosas cambiarían. Después de dos intentos fallidos, ante la pregunta ¿Liza, estás ahí?, pude observar claramente en el teclado como Edgar abría el pasadizo secreto y escribía “si, aquí estoy”, que fue la primera respuesta que tuvimos de Liza esa noche. En ese momento unos perros aullaron en la casa vecina, por lo que Armando y Tavo se sumieron en el sillón. Luego fue el turno de Omar preguntando los nombres de los presentes. De igual manera observé como introdujo la respuesta, que una vez mas se le atribuyó a Lisa. Definitivamente habíamos entablado el contacto.

Hasta aquí todo era normal para Edgar y Omar.

Nota bene: Feño y yo habíamos acordado dosificar la dosis en crescendo. Al principio todo sería normal, luego irían pasando cosas inesperadas hasta que la situación se les saldría de control. Por ello Feño había dejado pasar las dos primeras respuestas.

Cuando Omar preguntó a Liza si las francesas llegarían, observé que algo introdujo, no obstante la respuesta nunca llegó. Hizo una mueca mientras veía el teclado como si tuviera una falla técnica. Era pues la primera intervención de Feño habiendo suprimido la respuesta.

En la siguiente ronda, Liza contesta por primera vez en la historia a Armando y a Tavo, quienes ignoran la existencia del “pasadizo secreto”. Eso seguramente fue la causante de la palidez de los rostros de Omar y Edgar y al mismo tiempo el primer síntoma de que las cosas estaban escapando de su control. Ambos se voltean a ver uno al otro desconcertados. Edgar es el médium y la pregunta que hacemos es si ella (Liza) está cerca de nosotros. Esta vez Edgar no introduce respuesta alguna, pero Liza responde: “¡Mas cerca de lo que creen!”. En ese momento se escucha que algo se mueve entre las plantas del jardín. Todos los presentes nos asustamos, incluso yo grito un poco. El rostro de Edgar está ahora desencajado y cede su lugar a Omar.

Nota bene: Feño, el responsable de los efectos especiales había dejado caer un objeto desde mi ventana después de contestar la pregunta, y yo claro, estaba en el papel de agitador para hacer cundir el pánico.

Omar no se atreve a preguntar más. Lo convencemos de que pregunte si es ella la que se movió en el jardín. Introduce la pregunta con sus manos temblorosas. Liza no responde en varios intentos. Un poco mas tranquilo, trata de abrir el pasadizo nuevamente e introducir una respuesta. Pero la respuesta de Liza no es la que él escribió, si no: “Alguien entre ustedes trata de tomar mi voz, entonces él me tendrá que ver de frente” Omar salta despavorido al sofá dónde Tavo y Armando están sentados. Él y Edgar se encuentran al borde de las lágrimas. Ya nadie quiere ser médium. Entonces yo me armo de valor, me planto frente al teclado y pregunto: “te quieres manifestar”. La respuesta fue un contundente “si”. “¿Qué aspecto tienes” pregunté. La respuesta: “Mejor apaguen la luz, por que no soportarán verme”. Incluso para mí leer esa frase fue espeluznante. Todos estábamos paralizados por el miedo.

Tavo balbuceaba algo ininteligible se levantó para apagar la luz. El ambiente con el monitor iluminándolo todo era mucho más terrorífico que al principio. Además en ese momento los perros del vecino volvieron a aullar (aún no me explico como le hizo el Feño para hacer ese efecto especial. Mis respetos). Nadie se atrevía a dejar el lugar dónde estábamos sabiendo que Liza rondaba la casa. Edgar y Omar estaban temblando de pies a cabeza. Todos suplicaban al unísono que Liza no se mostrara. La revancha estaba casi consumada. Sólo faltaba el toque final.

Acordamos pedirle a Liza que en lugar de que se mostrara nos diera otra señal de que estaba cerca de nosotros. No había introducido la pregunta, cuando repicó tres veces la campana del timbre. Cada timbrazo iba acompañado de un grito de nuestra parte mas fuerte que el anterior. Yo dije que no tenía el valor de ir a ver quién tocaba, así que pedí a Omar y Edgar de que fueran juntos, pero se negaron rotundamente diciendo que de seguro era Liza y se cubrían la cara con los brazos. Pasaron unos minutos. La campana del timbre volvió a inundar la casa. Todos gritamos aterrados. Los otros me suplicaban que no abriera la puerta. Por si fuera poco, algo se movía otra vez entre las plantas, los perros aullaban y el timbre volvió a sonar. Todos gritábamos despavoridos: “¡Ya estuvo! ¡Ya estuvo! ¡Basta!”.

Cuando los perros se callaron pudimos volver a hablar con Liza. “¿Qué quieres de nosotros?” pregunté. “Que los que me quieren suplantar me pidan perdón” respondió. En eso el timbre volvió a sonar. Con la cabeza cubierta con sus chamarras para no ver a Liza por si se aparecía, Edgar y Omar entre sollozos gritaban “¡Perdón! ¡Perdón!”. Tavo y Armando no entendían lo que pasaba. Entonces le pregunté a Liza si nos podía dejar ir. Por el pasadizo secreto, que era la forma en que yo me comunicaba con Feño, le dije que ya era suficiente. Liza respondió con benevolencia: “Esperen 10 minutos, y luego vayan a sus casas. Si se quedan mas tiempo me voy a aparecer”. Prendí la luz y vi la palidez de los rostros llenos de lágrimas. Apagué la computadora y con reloj en mano contamos los 10 minutos mas largos de sus vidas. Nadie se atrevía a ir por delante, así que lo tuve que hacer yo. Iba prendiendo las luces y conduciéndolos a la salida. Antes de abrir la puerta que da a la calle, me pidieron que me asegurara por la ventana de que no hubiese nadie. Así lo hice.

Así nos despedimos. Por la ventana pude ver como los cuatro se fueron casi a galope. Desde entonces no he vuelto a ver a Edgar y Omar. Con Tavo y Armando llegué a jugar baloncesto un par de veces. Siempre me preguntaban con curiosidad si había vuelto a jugar con Liza, pero yo siempre respondía que desde aquella noche le tuve mucho respeto y la dejé en paz.

Indudablemente Feño se llevó aquella noche las palmas. Ejecutó sin fallas el papel de meta-médium y realizó los efectos especiales de forma magnífica e impecable. Nos reunimos para recapitular lo sucedido y reímos a carcajadas. Yo le reseñe todo lo que el no pudo ver, y le pedí que me explicara como había hecho cada uno de los efectos especiales: perros, ruidos en las plantas, timbre… “¿timbre?” Me dijo, “yo no hice nada con el timbre”. Por un momento se me bajó la sangre a los pies, pero de inmediato recordé a las francesas “¡Ah las francesas!” exclamé. ¡Ellas habían sido las encargadas de dar la señal definitoria tocando el timbre como desesperadas! y fueron las que hicieron sucumbir a los bribones, pero al mismo tiempo perdí la oportunidad de verlas.

Alguna vez me dijo Armando que Catherine y Josefine llegaron a preguntarle si yo ya creía en Liza, y él les respondía que seguramente sí (por obvias razones). Tal vez ello me había abierto una puerta sin saberlo, pero como Dantés al consumar su venganza, hubo cosas que quedaron fuera de mi control. No las he vuelto a ver. Nunca supe entonces si ellas fueron quienes tocaron el timbre e hicieron aullar a los perros, o… ¿fue alguien más?.